Ivan Baquerizo | New Order
“Las sociedades no eligen la dictadura por amor al autoritarismo, sino por hastío frente a la anarquía”
New Order fue una de las bandas británicas más influyentes de los años ochenta. Nació cuando todo parecía haber terminado. Tras la muerte de Ian Curtis, la banda Joy Division quedó abruptamente truncada. Lejos de disolverse, sus miembros decidieron reinventarse; cambiaron de nombre, de sonido y de horizonte. Superaron el dolor para explorar una música distinta que marcaría una nueva época, fusionando melancolía y electrónica, pasado y futuro. No renegaron de su origen; lo reconstruyeron. Fue un renacimiento creativo que cambió una era surgida de las cenizas como el ave Fénix; un nuevo orden.
Ese mismo espíritu de reinicio ayuda a entender acontecimientos recientes. El 3 de enero, la captura de Nicolás Maduro fue el final político de este sanguinario dictador que, junto a Chávez, destruyera Venezuela. Más allá de la polémica internacional sobre soberanía o legalidad, lo que este suceso simboliza es un rechazo práctico al fracaso de un régimen que quebrantó el Estado de derecho y degradó la convivencia pacífica. La Venezuela chavista fue un laboratorio del colectivismo autoritario y de la economía extractiva, donde la represión y la corrupción se convirtieron en la regla. La intervención -sin importar cómo se evalúe jurídicamente- es también un espaldarazo a la aspiración de restaurar libertad en un país que la perdió.
Es también la señal visible de algo más profundo; el nacimiento de un nuevo orden mundial, más descarnado y menos retórico. Un mundo organizado en ejes de hegemonía donde el poder ya no pretende disfrazarse de buenas intenciones, sino restablecer áreas de influencia política, social y económica. En las Américas reaparece, sin complejos, una renovada doctrina Monroe. En otros continentes se afirman los polos chino y ruso. Es una lógica claramente hobbesiana; cuando el orden se debilita, la fuerza ocupa su lugar. No es un mundo ideal, pero es el que emerge cuando el orden liberal se debilita y deja vacíos que otros llenan. La historia no tolera el vacío.
Esa misma lógica se manifiesta, dolorosamente, a escala local.
La noche del 7 de enero, el triple sicariato en la Isla Mocolí estremeció al país. No fue un hecho aislado, sino un síntoma; cuando el Estado pierde el uso legítimo de la fuerza, la violencia avanza. El narcotráfico no prospera donde hay ley, sino donde la ley se retira. Porque como argumentaba Mariano Grondona; las sociedades no eligen la dictadura por amor al autoritarismo, sino por hastío frente a la anarquía. Cuando el caos se vuelve cotidiano, el clamor por orden se impone, incluso a costa de libertades. El desafío liberal -ayer como hoy- consiste precisamente en evitar ese falso dilema; construir autoridad sin tiranía, ley sin arbitrariedad, firmeza sin miedo.
New Order entendió que no se puede vivir eternamente en el valle de las sombras. Supo transformar la pérdida en creación y el dolor en movimiento. Hoy, entre el colapso del socialismo y la tentación del autoritarismo, la tarea es la misma; levantar un nuevo orden basado en la ley, la libertad y la responsabilidad individual. Porque cuando la civilización recuerda quién es y qué la sostiene, incluso después de la noche más oscura, siempre es posible bailar.
¡Hasta la próxima!