Columnas

Mafalda y el debate

Si lo hubiese hecho lo habría comparado con la sopa: “¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?”.

El debate Biden-Trump fue calificado como el “peor de la historia”. Y si bien los medios no demoran en utilizar esta adjetivación cada vez que hay un debate nuevo (lo mismo dijeron de Clinton-Trump), esta vez creo que acertaron. Aunque mi calificación es diferente. El debate fue aburrido. Cansino. Empecemos con las formas. De un lado Trump, siendo él. Más de lo mismo. Interrumpía, se defendía, atacaba, insultaba. Nada nuevo. Para sus bases de admiradores ahí está personificada la fuerza que tanto admiran. Para quienes se consideran oposición, ahí está la agresividad vulgar que tanto critican. Nada nuevo. Me preguntaron si “ahora sí” la personalidad arrolladora -hasta cierto punto abusiva- de Trump iba a hacer la diferencia y desencantar al votante indeciso. No lo hizo en 2016, por qué sería diferente ahora. Del otro lado, un Biden mayor, que no llevó su agenda, sino que bailó al ritmo impuesto por el presidente. Atacó -en su estilo- igual que él. Tal vez no con la misma fuerza, pero siguiendo el libreto. Ad hominem no es nuevo en política; habrá hecho su debut cuando se creó esta ciencia. Pero que no haya espacio a nada más que a “es que tú eres así”, eso es lo nuevo. Que no exista un espacio de encuentro para discutir qué idea funcionaría mejor, es lo trágico. ¿Nos sorprende? No. Ese debate fue ver en persona una pelea de dos bandos en redes. En otras palabras, el encuentro entre ellos es un producto de la sociedad estadounidense actual. Una sociedad dividida, que en el otro solo encuentra al enemigo. Esperaban que sus “representantes” fuesen al ring a ser su voz. Y lo fueron. Eso es lo que cansa. Ver a la política capturada en esta dinámica social, cansa. Que los candidatos no sean más que una continuación de dos bandos peleándose 24/7, cansa. Si alguien ganó no fue por ‘knockout’, fue porque estaba tan aburrido que apagaron las luces y lanzaron un nombre, con tal de terminarlo. Esta es la dinámica de la vida moderna. Y termino citando a una grande, que no alcanzó a ver el debate. Si lo hubiese hecho lo habría comparado con la sopa: “¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?”.