Columnas

Engreimiento político

Su objetivo era que el electorado recordara a Rafael Correa en sus mejores épocas: lo lograron. Con la tarima ya contaban.

¿Quién ganó, quién perdió en el debate presidencial? Esa hubiera sido la pregunta de la ciudadanía. Solo los militantes pudieron afirmar que su candidato llegó primero; el resto terminamos confundidos ante lo que acabábamos de ver. Un debate debería ser el filtro para propuestas populistas, no un escenario público para ventilar el plan de gobierno. El CNE parece estar aterrado con las formas. Preguntas secretas, escogidas al azar, calificadas por colores, para que no quedara duda que fue el destino -y no ellos- quien se encargó de incomodar (si es que lo hizo). Ahora es con la igualdad con la que se lavan las manos. Su preocupación estuvo enfocada en consentir a los candidatos, y para eso sacrificó la confrontación y el interrogatorio. Al punto que le preguntan al candidato de Fuerza Ecuador sobre los procesos judiciales de sus miembros del partido y responde “no vi sacar esa pregunta del ánfora”. ¿Qué tipo de políticos estamos creando y permitiendo? ¿Para qué buscar periodistas si se les va a impedir ejercer su carrera? “$1.000 a 1’000,000 de familias y que no te dejen engañar, ¡es posible!”. -“Gracias por su respuesta candidato”. Feria. Contesto lo que me da la gana. En ese escenario: ¿ ganador o perdedor de qué? Con 16 candidatos, en más de 8 horas de transmisión, solo el que llama la atención. Y listo: nos convertimos en un concurso de banalidades. Pero ante el tiempo que estuvieron bajo el reflector, ¿qué participaciones fueron destacadas? La de Yaku Pérez. Incomodó al correísmo con la verdad, se defendió a carta cabal, respondió las preguntas con propuestas aterrizadas, y con un estilo -antes criticado, hoy ya aplaudido- auténtico. Guillermo Lasso, que (sorpresa) aunque “no pudo” enfrentarse a Arauz, se mantiene como un candidato con una propuesta sólida de gobierno; su capacidad tal vez sea comparada con la improvisación de Arauz. En el sentido teatral de la palabra. Su participación se resume en su interpretación de Rafael Correa. ¿Practicaron por Zoom o Facetime? Mismos gestos, misma entonación, burla y prepotencia. Su objetivo era que el electorado recordara a Rafael Correa en sus mejores épocas: lo lograron. Con la tarima ya contaban.