La ley

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La ley

Se han eliminado los incentivos tributarios que disminuyen el pago al impuesto a la renta por producir y crear empleo, por apostar por el país...’.

El 29 de noviembre amanecimos con una nueva reforma tributaria que no es coherente con la visión que nos ha compartido el presidente: quiere inversionistas, quiere más alianzas público-privadas, quiere más mundo en Ecuador… Desde mi observador, pues así no se hace.

Se han eliminado los incentivos tributarios que disminuyen el pago al impuesto a la renta por producir y crear empleo, por apostar por el país, que iban en algunos casos, si estabas situado fuera de las ciudades de Guayaquil y Quito, proporcional a la inversión, por 8 años, y si era nueva, 0 impuesto a la renta; eliminados los incentivos para las APP, para las ZEDES, quedan un par de posibilidades de deducción del 3 % o el 5 %; es decir, es una ley tributaria que castiga al que crea riqueza, entendida como la oportunidad de obtener trabajo, un salario digno.

Me parece, y me atrevo a ser muy dura, porque leyéndola en todos los recortes de deducciones que establece, parecería la verdadera ley antifamilias.

Los empresarios dan trabajo, lo cual logra que una familia pueda tener paz, estabilidad, y un futuro. ¡Así de importante es el gremio productivo! El que importa las mejores tecnologías, el que busca la mejor materia prima en calidad y precio, el que arriesga innovando, y que crece con una serie de tasas, contribuciones, impuestos, en general tributos, donde se evidencia el costo de la ineficiente burocracia.

Debo aplaudir que por otro lado los aranceles fueron reducidos y eso ayuda en la importación de bienes de capital para la productividad y eficiencia; no están en esta ley porque es una decisión a nivel de Ejecutivo.

Se fomentan la construcción sostenible y las tecnologías en la construcción, dos conceptos que ya estaban desde la Ley de Fomento Productivo del 2018, que tuvo su regulación a nivel ministerial, pero que por falta de entendimiento, se paralizó al final del gobierno anterior. Lo que parece nuevo en esta ley tributaria ya lo teníamos, claro y conciso.

Lo que sí es positivo y no estaba en lo ambiental, es la deducción al 150 % que puede hacer una empresa que invierte en programas, fondos y proyectos de prevención, protección, conservación, bioemprendimientos, restauración y reparación ambiental -obviamente que no tenga que ver con su propia actividad que haya contaminado-.

Y luego hay unos incentivos de poco impacto fiscal, pero de gran relevancia social, como el de deducir 150 % adicional a gastos cuando una empresa contribuye a la educación, a la desnutrición crónica infantil y a la atención de madres gestantes.

Y la cereza en el pastel, porque como decimos “tengo ropa tendida” con un talentoso artista como mi esposo Christian Bakker, mi cuñada Beatriz Plaza y mi amiga Alejandra Bayas de Holguín, se permite a las empresas que inviertan en arte y cultura deducir 150 % adicional a gastos. Viendo las estadísticas de la Oficina de Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo Unctad, el Ecuador en bienes creativos, específicamente en artes visuales como pintura, exporta -14,26 %.

Es un nuevo gobierno, que esperemos transparente el impacto de esta reforma tributaria, una gobernanza libre de burocracia ineficiente; un Reglamento General y normas secundarias posibles de ejecutar.