Columnas

Estafa

Votemos por un candidato a la presidencia cuyo plan de trabajo conozcamos y podamos traducir a nuestro futuro, al país que queremos

Hay delitos, como la estafa, que no conocemos a profundidad, que no los denunciamos, que no pensamos ¿por qué nos suceden? Y no corregimos aquello que nos conduce a ser estafados.

Es un delito contra la propiedad o el patrimonio. La estafa en nuestro Código Orgánico integral penal -COIP, dice: “comete un delito de estafa aquella persona que, para obtener un beneficio patrimonial para sí misma o para otra, mediante la simulación de hechos falsos u ocultamiento de actos verdaderos, induzca a error a otra, con el fin de que efectúe un acto que perjudique su patrimonio o él de terceros”. Pero, ¿qué me podría inducir a error? ¿Y qué acto podría perjudicar mi patrimonio y el de terceros? ¿Una propuesta engañosa, una presentación, publicidad y discurso de un candidato político que no sea fiel a la verdad, y que induce a votar por alguien que luego dañe el patrimonio mío y el de los ecuatorianos, podría ser una estafa? En nuestro derecho no, porque para eso están los delitos contra la eficiencia en la administración publica: peculado, enriquecimiento ilícito, cohecho, etc. Pero en el argot popular, ¿no es estafarnos pedir el voto con una promesa que luego repercute en una administración fallida, que pone en riesgo el patrimonio de todos? Recordemos que como parte del patrimonio deberíamos considerar los bienes comunes como el agua, el aire, el suelo, los culturales y todos aquellos que administra un gobierno y las diferentes instituciones públicas; patrimonio que si no se encuentra bien administrado y va perdiendo sus características valiosas, hace que nuestro patrimonio propio, el personal o familiar, también vaya perdiendo valor. Asumo que a ninguna persona le gusta ser estafada constantemente, seguir en el mismo patrón y terminar peor que antes. ¿No estamos cansados de tanto estafador de nuestro patrimonio común? ¿De personas que creen que su historia de vida de no productividad, de no hacedor de trabajo decente, de no contribuir al pago de impuestos, puede cambiar la ruta hacia la administración eficiente? Votemos por un candidato a la presidencia cuyo plan de trabajo conozcamos y podamos traducir a nuestro futuro, al país que queremos; ligarlo a nuestro sueño como padres, profesionales y estudiantes. Tomemos nuestra propia pluma y llenos de seguridad, frente a 16 diferentes nombres, elijamos el casillero de aquel que vimos en debates y publicidad, coherente, propositivo; solo entonces no estafaremos nuestro futuro ni permitiremos que nos estafen una vez más. Este es un editorial fuerte, como el tiempo que vivimos lo amerita.

Finalizo recordando el hermoso poema “La montaña que subimos”, de Amanda Gorman, en la posesión de Joe Biden:

“Hemos visto una fuerza que destrozaría nuestra nación en lugar de unirla.

Destruiría nuestro país si eso significara retrasar la democracia.

Y este esfuerzo estuvo a punto de tener éxito.

Pero si bien la democracia puede retrasarse periódicamente,

Nunca podrá ser derrotada permanentemente.

En esta verdad, en esta fe confiamos.

Porque mientras tengamos nuestros ojos en el futuro,

La historia tiene sus ojos puestos en nosotros”.