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Coleccionista

Y por si acaso, ese artista que lo dejó todo es Christian Bakker, mi esposo.

Lo dejó todo. Su trabajo y su seguridad económica. Fue pionero en hablar de sostenibilidad empresarial, recibió decenas de reconocimientos a nivel internacional por su aporte a la región latinoamericana. Se fue sin darle cabida al ego, no asistió a ningún homenaje. Recibió videos, mensajes de voz y leyó miles de mensajes.

Desde mi seguridad, esa de aferrarnos a la profesión que escogimos, en el trabajo que hemos creado como trinchera, veía la valentía de ese desprendimiento.

Su pasión, su fuerza motora, su propósito, estaba en el lado de las artes; quería dedicarse a pintar y transmitir su amor por Dios a través de su pintura. En su recorrido internacional encontró premios como el artista revelación, o el mejor expositor, y pudo estar en las mejores ferias de arte, sabiendo que hay mejores que él, que hay maestros no descubiertos, o que no tienen una posibilidad de mostrar sus creaciones. Fruto de esto, durante la pandemia creó la fundación Santa Josefina, con su proyecto The Collector’s Club, para dar cabida a los artistas emergentes o no, promoverlos, que obtengan el 100 % de la venta y que los ciudadanos inicien sus colecciones de arte.

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud -OMS- ha realizado un estudio sobre los nexos entre el arte, la salud y el bienestar. La principal conclusión ha sido que tener una conexión directa con el arte y la cultura brinda un beneficio adicional de mejorar la salud física y mental. Por primera vez la OMS hace una solicitud especial a los gobiernos, de explorar el arte como apoyo para la salud.

La Academia de Ballet de Nueva York, fundada en 1948, dirigida por el famoso coreógrafo y bailarín ruso George Balanchine, de acuerdo a la revista The New Yorker, ha cancelado sus temporadas de primavera y otoño, reinventándose durante la pandemia, desde crear un video de bailarines en diferentes lugares, hasta ensayar en sus casas a pesar de la dificultad de hacerlo en un piso que no es el famoso Marley para danza.

Músicos a nivel planetario han cantado desde su ventana en época de aislamiento. La Feria del Libro de Guayaquil fue virtual. El Festival de Cannes solo realizó la entrega de un premio de manera presencial, al mejor cortometraje. La web Buen Plan de Ecuador ha hecho más de 80 eventos culturales mediante la red. El Teatro Sánchez Aguilar promovió su cartelera y nuevos espectáculos por internet.

Las industrias culturales contribuyen con el Producto Interno Bruto (PIB), por ejemplo en Guatemala: con el 7,2 %. Estados Unidos: 4,2 %. Francia: 2,8 %. Canadá: 3,5 %. Australia: 3,1 %; y en Gran Bretaña: 5,8 %, generando además 363.700 trabajos.

Se ha puesto a pensar que una fotografía, pintura, escultura, danza, actuación, libro, es una entrega pura de un artista. No mira el público, sino la necesidad de expresarse. Es mirarse por dentro, dar, y exponerse a la aceptación o rechazo de su propia esencia. Y en el espectador hay una conexión con su propia vivencia. El arte habla de manera individual a cada uno, lo hace vibrar, arranca lágrimas y sonrisas. Ecuador es un país de artistas esperando ser descubierto por cada uno de nosotros.

Y por si acaso, ese artista que lo dejó todo es Christian Bakker, mi esposo.