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Inés Manzano: Olas y rompientes

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¿Por qué las olas son importantes? Desde el punto de vista ecológico, oxigenan el agua

En 1999 un Club Deportivo, en el sector de Punta Centinela, en el cantón de Santa Elena, pedía la concesión de playa y bahía, en ese entonces a la Dirección General de la Marina Mercante y Puertos Digmer; se le aprobó realizar un espigón pero nunca se lo completó, faltando 118 metros.

El estudio de batimetría -es la cartografía del fondo marino- presentado, decía que las especies, la pesca, las corrientes, olas y sus rompientes serían afectadas de no hacerse lo aprobado. El resultado fue el asolvamiento de la arena en un lado del espigón, la pérdida de extensiones de playa en el otro lado y casas del sector afectadas por la rápida acción del mar.

En 1947 se construyó el primer muelle del Salinas Yacht Club, luego de lo cual las adecuaciones del club náutico comenzaron a ganar parte del mar, a rellenar y a construir sus muelles. Pero el efecto de estas construcciones socavó el mar y sus playas en otra parte del malecón de la ciudad de Salinas, justo al frente de la Capitanía de Puerto -autoridad encargada de dar los permisos y controlar este tipo de construcciones-, y en el 2004 la Espol alertó sobre el problema ocasionado.

En Perú, en La Herradura y Cabo Blanco, dos de las mejores olas del Perú fueron defendidas por surfistas y amantes de la naturaleza. En el caso de La Herradura, una ola de clase mundial en plena capital limeña. Un alcalde dinamitó el acantilado y el borde costero sin ningún estudio ambiental ni planificación. El resultado afectó la ola y una de las playas más bellas de Lima, desapareciendo la arena. En Cabo Blanco, un muelle para la pesca artesanal cortó la trayectoria de la ola y casi desaparece.

¿Por qué las olas son importantes?

Primero, desde el punto de vista ecológico, oxigenan el agua, ayudan a la formación de distintos ecosistemas costeros, esparcen larvas de animales marinos, generan corrientes, ayudan a la pesca artesanal -mayor oleaje más peces- y de moluscos, transportan materiales costeros hasta dejarlos sedimentados en las zonas más protegidas, generan energía eléctrica, son indispensables para el surf y el turismo, además de su factor más reconocido: el recreativo.

Si una obra, actividad o infraestructura altera el fondo marino, impactará la onda de energía que es la ola, sus rompientes y las orillas.

Ecuador no tiene una protección adecuada de estos ecosistemas frágiles marino costeros, que están protegidos como enunciado en la Constitución. De ahí la importancia de protegerlas a través de una adecuada ley, que creará una categoría de protección única: zonas de preservación de olas y zonas adyacentes.

Se propone tener un registro nacional de olas y rompientes, así como el desarrollo de una Norma Técnica Hidrográfica. Y que los municipios costeros estén obligados a respetar la naturaleza a través de la correcta ordenación y extensión de permisos.

La Armada, Ambiente y Riesgos serán estratégicos para la labor de protección.

Queremos ser líderes en proteger ecosistemas marinos costeros en la región; con el equilibrio de la regulación y el desarrollo podemos construir sin destruir.

Invito a través del colectivo Mareas vivas a ser una de las 50 mil firmas para presentarlo a la Asamblea. Este es nuestro deber ético y legal.