Columnas

No están muertos

Así de sencillo. Es el momento que debemos considerar muy seriamente los ecuatorianos. Los izmierdistas sociolistos, luego del 11 de abril, quedaron heridos y esperan el momento de regresar para acabarnos. Sus mentores, con el podrido a la cabeza, se solazan al decir que el plan macabro sigue en marcha, como se demuestra con las revueltas colombianas y lo que viene si triunfa el del sombrero en Perú.

Presidente Lasso, si Ud. pretende gobernar con el mamotreto vigente, está perdido y nosotros también. Sus anuncios, no todos, asustan y preocupan. ¿Será que no existen seres normales y limpios de mente? Parece que los burócratas que abusaron y gozaron durante los 14 años del tiempo perdido, continuarán agazapados mamando del escuálido Estado y adoctrinando al ingenuo pueblo con tendencias obsoletas, fracasadas y malévolas.

Ya la capital de España acaba de dar una lección a sus destructores. Escogieron la libertad y el progreso. Nosotros dimos un paso, pero faltan otros para asegurar el futuro en democracia.

La lucha y el espíritu combativo se lo han encargado a los jóvenes. No vengan a decir que con su escasa formación intelectual van a transformar la patria, si ni siquiera tienen la capacidad de entender que los utilizan como tontos útiles al igual que a los resentidos raciales.

Las FF. AA. y la Policía Nacional tienen como sagrado deber defender la integridad de la patria toda, ciudadanos y bienes incluidos. Con los vándalos asalariados, en las calles, no se puede dialogar. Tienen que ser reprimidos. El daño que puede recibir un irracional se evitaría si permanecía en su casa. Los defensores adefesiosos, internacionales y locales, deberían ocuparse de algo más productivo para la sociedad, en la que algunos viven enquistados, y más bien dirigir sus esfuerzos para erradicar la ignorancia, las enfermedades y el hambre.

En el mundo sobran lugares para su accionar. No necesitamos lloronas ni sus ridículas expresiones.

Colombia sufre lo que nos pasó el octubre fatídico y Chile tiembla todavía.

Toda la América se defiende sola. Ya lo demostramos nosotros. Sin fraudes ni manos negras, sí se puede.