Columnas

Guayaquileños:

"Hasta las bestias de carga en algún momento se rehusan a seguir siendo abusadas por sus dueños"

La situación de todos nosotros es triste, pues hace lo que le viene en gana. Me refiero al desgobierno de turno, por supuesto.

Es desconcertante vivir rodeado de seres carentes de cordura y honradez. Cada día conocemos más casos de corrupción y lo triste es que muchos siguen en los cargos públicos existentes por historia y otros en los que son creados a dedo. Unos y otros han perdido el decoro y el respeto a la cosa pública. La manejan a su antojo y de manera acelerada. Saben que el lapso que permanecerán mamando de nuestros bienes es corto, pues hay malandrines que también quieren robar. Así de simple y claro.

La descomposición es de tal magnitud que delinquen hasta en las comisiones creadas para el control del lleve.

¡Alerta! Que no solo es el robo. Nos enfrentamos a la aniquilación de la sociedad toda pues los dos últimos gobernantes resultaron ser ciegos obedientes de los mandatos de un Foro, cuyo único propósito es apoderarse de la América libre, precisamente aprovechándose de la caduca democracia.

Parece que los ejemplos de Estados vecinos en manos de los robolucionarios no son suficientes para que la masa adoctrinada y maltratada recapacite y diga al unísono: basta.

Menos mal que la prensa y medios de comunicación diversos los investiga y los saca a la luz pública, acción que era imposible durante el reinado de la mosca de Bélgica.

Es de no creer que los esfuerzos de la fiscal para poner a los delincuentes tras las rejas se diluyen por acción de jueces que son corruptos y venales. Los envían a las calles o domicilios sin el menor asomo de pudor o decencia. Poco nos dura la ilusión de haber logrado una justicia independiente de los gamonales que acaban con la patria.

La verdad que el trabajo realizado por el prófugo número uno está dando sus frutos, por desgracia. La ciudadanía contempla estupefacta todo el circo montado por las mafias y el desgobierno que con su actitud demuestra indolencia u obediencia a políticas extrañas a nuestra realidad.