Columnas

Cobardía y héroes

'¿Lo desconcertante es que todo, al parecer, cuenta con la venia del gobernante de turno, de manera que no hay solución a la vista.'.

El martes 11 de marzo del 2020, la prensa “corrupta” nos trajo los detalles de las reformas económicas del Gobierno Nacional para capear la crisis derivada por los robos del anterior desgobierno y la caída del precio del petróleo. ¡Han pasado casi cinco meses tratando de ver cómo focalizan y eliminan los subsidios a los combustibles, sin éxito! No hay quién agarre el toro por los cuernos, para regocijo de contrabandistas y narcotraficantes.

Sin duda los recuerdos de octubre pasado, cuando la capital y varios edificios soportaron el embate de indígenas y huestes asalariadas por la mosca de Bélgica, hacen temblar al gobierno. ¡Es una tara más que emana del mamotreto de Montecristi, creado para acabar con el Ecuador democrático!

Lo desconcertante es que todo, al parecer, cuenta con la venia del gobernante de turno, de manera que no hay solución a la vista.

¡Creo que lamentablemente el Foro de Sao Paulo, aún ordena!

A toda esta debacle política, se unió la sombra china del Covid-19 que obligó a la suspensión de la producción y exportación de numerosos productos, originando menores ingresos al país.

El dinero robado por los de la década perdida, cuánta falta hace ahora. Cuántos podrían comer sin salir de sus viviendas, acatando “el quédate en casa”, que complicó más la existencia normal del ecuatoriano promedio.

Se han perdido vidas valiosas, como las de algunos de mis colegas que no dudaron en prestar ayuda al necesitado y le plantaron pelea a la enfermedad ocasionada por el virus, en enorme desventaja por la falta de insumos, protección y medicamentos. Con el paso del tiempo, ojalá sean recordados como los verdaderos héroes, que lucharon contra un enemigo foráneo e invisible.

Cuando toda esta debacle pase y el Ecuador levante cabeza, los sobrevivientes recordarán que la ambición desmedida de dinero para llevárselo a manos llenas, hizo que la mirada del destructor se fije en China. Entonces sus costumbres, que jamás debieron juntarse con las nuestras, nos sumieron en el estado de desesperación en el que estamos.