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A Guillermo Lasso Mendoza, otra vez le deseo buena suerte en su afán moralizador y anticorrupción

Por la prensa corrupta, calificativo que le endilgara el prófugo durante sus circos sabatinos de adoctrinamiento, es que nos enteramos de las mentiras y engaños que le han tocado a Guayaquil, llamada ciudad hermosa, de la América guirnalda, de tierra bella esmeralda y del mar perla preciosa, en unas décimas del padre Juan Bautista Aguirre, nacido en 1725 en la villa de Daule. Sacerdote jesuita que fue expulsado de Hispanoamérica en 1767.

Hay un decir sobre el guayaquileño que llega a las alturas. Se convierte en enemigo de su tierra. Con el prófugo es lo que sucedió, cuando en acto infame, autorizó el traslado del Instituto Nacional de Higiene Leopoldo Izquieta Pérez a Quito, para aumentar la burocracia centralista sedienta de los recursos de la ciudad que ha sido, es y será el motor de la economía ecuatoriana.

Por lo expresado por un colega médico nos enteramos de la promesa de devolver a su sitio de origen al instituto, hecha por el presidente que se va. Hasta ahora no hay nada al respecto. Seguro estoy, que si hubiera seguido trabajando, tendríamos una vacuna para enfrentar al devastador regalo chino. Nadie se acuerda de sus funciones y logros en diversas etapas de la historia médica de Guayaquil, que fue la del país por muchos años, hasta la creación del Ministerio de Salud. Era un referente en la organización y por él pasaron profesionales de gran valía.

Al presidente Lasso le tocará hacer justicia con su ciudad. Ojalá su ministro de Salud lo permita.

La otra gran mentira fue la del quinto puente para Guayaquil. Entiendo que la traba mayor fue decir que era para la ciudad. Grave pecado, aun sabiendo que se beneficiaba la Patria toda.

Es conocido que se desfinanció el proyecto por los robos y para creer más en lo dicho al inicio de esta columna, el ministro en ese entonces era de Guayaquil. Pueden mucho más los amarres y los lleves antes del inicio de cualquier obra en Guayaquil o sus alrededores. Así de sencillo y claro.

A Guillermo Lasso Mendoza, otra vez le deseo buena suerte en su afán moralizador y anticorrupción.

¡Narcoestado, nunca más!