Columnas

Seguimos improvisando

¿Cuántos nuevos infectados saldrán de esas filas?.

La más clara definición de la expresión “hacer camino al andar” es la forma como se ha manejado en el país el combate al Covid-19.

Hace más de dos meses Ecuador conocía que el mencionado virus era contagioso, que se necesitarían centenares de miles de mascarillas, guantes y mandiles para evitar que los trabajadores de la salud y población en general se contagiaran y se sabía que los infectados graves morirían. Lo primero que se debió hacer fue un inventario del número de camas en los hospitales públicos y privados, incluyendo las de cuidado intensivo, estimar el número de los ecuatorianos que fallecerían con base en las estadísticas de los países atacados por el virus; estimar el número de ventiladores, respiradores y kits que se necesitarían para hacer las pruebas, entre otras acciones. ¿Cuánto de eso se hizo?

A continuación tres ejemplos de lo que no se hizo a tiempo. Si se conocía que se necesitaría protección para la “línea de fuego” de hospitales y el público, ¿por qué semanas atrás el gobierno no contactó a las empresas fabricantes de ropa para que comenzaran a llenar el enorme déficit? También sorprende que los dueños de esas empresas no ofrecieran sus servicios al gobierno.

Si se conocía que el éxito de Corea del Sur y Singapur había sido hacer pruebas masivas para estimar el universo de los infectados y aislarlos, ¿por qué no se importó oportunamente el número de kits?

En la ciudad de Véneto, norte de Italia, se produjo uno de los primeros brotes. Las autoridades decidieron hacer test a toda la población y aislar a todos los positivos, incluidos los asintomáticos. La epidemia se frenó en seco, al revés de lo que ocurrió en el resto de las ciudades contagiadas italianas y en Madrid.

A la fecha de escribir este artículo, el número de pruebas seguía siendo insuficiente, prolongando la llegada al ápex, etapa en que comienza a descender el número de infectados y fallecimientos.

Para cobrar su bono de pobreza centenares de beneficiarios se alinearon juntos, muchos sin protección. ¿Cuántos nuevos infectados saldrán de esas filas? ¿Hasta cuándo este país sigue improvisando?