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Pánico inducido

Avatar del Francisco Swett

La vacunación en 2021 es el equivalente de la dolarización en 1999’.

Las resoluciones del COE nos hacen recordar a aquellas del Directorio del Banco Central en 1999. Por aquel entonces, el Estado ecuatoriano le falló miserablemente al país, no obstante haber sido advertido el gobierno de Mahuad sobre lo que estaba ocurriendo.

El efecto combinado de El Niño, el bajo precio del petróleo, la burbuja crediticia de la banca, la brutal distorsión de las tasas de interés y la barbarie desencadenada por el Banco Central fueron suficientes para lograr la expulsión de medio millón de ecuatorianos y la pérdida de 75 % de los activos (y pasivos, léase depósitos, por similar valor) de la banca. Fue una herida que no sana hasta el día de hoy; un evento cuya única virtud fue dar paso a la dolarización.

Casi un cuarto de siglo después se repite el terror: esta vez causado por la pandemia. La historia recogerá la quiebra total de la política de salud pública engendrada desde los tiempos de las “vacas gordas”, cuando como consecuencia de la corrupción y distorsionada concepción de la política de salud pública no se logró bajar un ápice los índices de desnutrición, morbilidad y mortalidad de la población.

En el tiempo de Moreno, la mala práctica en el manejo económico (evidenciada no obstante el Estado de propaganda que también ha imperado) llegó a la estulticia de, en plena pandemia, privilegiar el pago a los bonistas a expensas del cumplimiento del deber de cuidado para con los ecuatorianos.

Los resultados de la gestión del COE y del insalubre Ministerio de Salud están a la vista. Ecuador ocupa el último puesto en vacunación, el sistema de salud está colapsado, las muertes resurgen, los ministros del ramo desfilan, hay falta de insumos, de cuidados médicos y medicinas, los pacientes son entubados sin anestesia, no hay una base de datos remotamente confiable, y los fallecidos por COVID son manipulados en número para ocultar la incapacidad de un gobierno del cual no se puede confiar ni depender. Y ¿las soluciones? Pues, son las mismas que las de la Edad Media: confinamiento colectivo.

Si la Muerte Negra mató a la mitad de la población de Europa entre 1347 y 1353, ¿quién nos asegura que seguir la misma estrategia no continuará devastando a los ecuatorianos? ¿Cómo es posible que en un año no se hayan tomado las precauciones para tener una logística de vacunación que incluya al sector privado?

Los decretos y resoluciones disponen que la movilización de las personas se dé en determinadas horas y días, con lo que logran amontonar a los ciudadanos; ¿cuán eficaz es el cierre de unas provincias y la apertura de otras? Asumen que no hay vasos comunicantes de tráfico y tránsito en el territorio, lo que es perversamente torpe.

Justamente es lo contrario lo que se requiere: ampliar las horas de circulación, trabajo y desplazamiento físico para bajar la densidad de tráfico y el hacinamiento que la compresión produce.

La insensatez de cerrar la economía ha creado condiciones de explosión social y la respuesta ha sido un enorme vacío de soluciones efectivas.

Como en 1999, es el caso del pánico inducido desde el Estado. La vacunación en 2021 es el equivalente de la dolarización en 1999. Por ello, incumplido que ha sido el juramento de oficio, es hora que la patria demande a los responsables.