Francisco Rosales | La extrema derecha
La derecha moderna no es conservadora, no mira al pasado; es laica, es liberal y propugna la economía de mercado
Varios medios de comunicación califican regularmente a partidos o grupos de derecha como de extrema o ultraderecha. Así llaman, por ejemplo, al partido Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni; al partido La Libertad Avanza, de Javier Milei; a José Antonio Kast, presidente electo de Chile, y a VOX en España. Pero denominan simplemente izquierda a partidos extremistas como al partido comunista de Chile, cuya candidata a la presidencia, Jeannette Jara, acaba de perder la segunda vuelta. Igual a Podemos, de España, que forma parte de la coalición que sostiene al actual presidente del gobierno, Pedro Sánchez, o a la dictadura de Maduro, que llaman de izquierda.
La postura de El País -otra hora uno de los mejores diarios- penosamente ha llegado a extremos para apoyar al gobierno del PSOE de Sánchez, ahogado en casos de corrupción que involucran a su esposa, a su hermano y a varios directivos o exdirectivos del partido. Ahora Sánchez es rehén de siete grupos políticos, desde los comunistas Podemos y Sumar, EH Bildu de los antiguos asesinos de ETA, Partido Nacionalista Vasco, PNV, Esquerra Republicana de Cataluña ERC; la independentista de derecha Junts per-Catalunya y Coalición Canaria.
Cuando El País no puede ignorar la corrupción del gobierno de Sánchez, resucita casos de corrupción del Partido Popular -PP-, de oposición, para ‘equilibrar’ la situación política. El mensaje es de vergüenza: ustedes también son corruptos, por tanto, no tienen derecho a reclamar.
La derecha moderna no es conservadora, no mira al pasado; es laica, es liberal y propugna la economía de mercado que ha demostrado ser el sistema más eficiente para lograr un desarrollo económico y social equilibrado. Cree en la democracia representativa, en un gobierno pequeño pero robusto para proveer a los ciudadanos de seguridad, educación, salud y justicia oportuna, honesta y confiable. Debe corregir las desviaciones del mercado, pero no ser empresario. El conflicto de interés y el desincentivo a la inversión privada son evidentes.