Columnas

Reaccionar positivamente

'Hay que rescatar la condición de ciudadanos en nuestro comportamiento habitual’.

Muchos, casi todos, de los males que afligen a la República, derivan de la falta de reacción ciudadana ante ellos.

Nos hemos vuelto de una apatía, de una indiferencia limítrofe con la complicidad, que tiene que ser superada pronto, so pena de poner el futuro del país en grave riesgo.

¿Cómo es posible que aceptemos que la actual integración del Consejo Nacional Electoral no brinde la confianza requerida por un organismo que va presidir los próximos sufragios, y no hagamos nada para remediar tan anómala situación?

Yo insisto en la necesidad de constituir un Frente Ciudadano por el Respeto al Voto. Si no nos preocupamos de hacer respetar la voluntad popular expresada en las urnas, eso significaría que ha dejado de importarnos que el país marche a la deriva. Algunos ciudadanos en Quito y Cuenca han acogido la iniciativa pero, todavía es tibia la reacción si la mensuramos en relación con la trascendencia de lo que intenta defender.

Por el estilo, violan a nuestras niñas y los defensores de la vida, que quieren impedirles abortar un fruto no deseado, impropio de la posibilidad de su todavía inmadura fisiología, peor todavía si es producto de la violación de un familiar, ahora quieren que se dispare a matar en defensa de la seguridad de las personas. Sin duda, la cercanía de las elecciones está dando lugar a propuestas disparatadas, en sintonía con los deseos de la mayoría sí, pero altamente riesgosas si no se las medita y regula adecuadamente. Y sin xenofobia, por supuesto, pese a que la reacción natural busque culpables, sin discriminar, entre los migrantes, sin aceptar que la violencia también está generada por las condiciones socioeconómicas inaceptables en que padecen las mayorías. (Al respecto de la situación en Corea del Sur, sugiero no perderse la película Parásitos. No adelanto conclusiones, solo sugiero verla.)

Finalmente, y para reflexionar sobre lo de relevancia reciente, ya basta de tolerar que con la educación se juegue al gusto. Lo que se hace mal debe corregirse sin intentar justificarlo con argumentos traídos de los cabellos y sin sustento académico.