Columnas

Un nuevo Instituto de Higiene

Guayaquil se lo merece en el bicentenario y por ello se invita a los legisladores del Guayas a pronunciarse.

El Izquieta Pérez, durante largos años, era en Guayaquil, el instituto por antonomasia. Por favor, lléveme al Instituto, le decíamos al taxista y él tomaba sin titubeos la Julián Coronel y nos dejaba al pie de la puerta.

Era razón de orgullo trabajar allí, a la sombra de grandes profesionales, de auténticos sabios, y con una muy bien provista biblioteca que permitía leer, sin mayores dilaciones, una buena parte de las mejores revistas científicas del mundo o solicitarla si se la consideraba necesaria a partir de la información obtenida en el Índex Médico. Ni hablar de la propia revista del INH, que recogía la producción de sus investigadores.

Cuando nos despojaron del Instituto muchos sentimos que nos arrebataban parte de nuestra vida. Sin duda, la ciudad perdió un significativo porcentaje de su patrimonio intelectual en el campo de la salud pública y las consecuencias se sufren hasta ahora. Por eso, la iniciativa rotaria de tratar de retornar para Guayaquil a la benemérita institución ha cobrado inmediato respaldo. Se suma a ella, a partir de la voz de su rectora, la Escuela Politécnica del Litoral.

En su amplio campus podría montarse un gran laboratorio de investigación, una gran empresa de producción de biológicos de excelente calidad, tal cual antes se hizo, o pruebas diagnósticas como ahora se hace, o productos farmacéuticos que suplan lo que no es de interés comercial. Estoy seguro de que habría capital privado al que le resultaría llamativo invertir en la ZEDE. Con ello en mente, bien harían los rotarios en propiciar la conformación de un grupo promotor de tan lúcida iniciativa. La cuestión es que a la sombra de un conglomerado institucional académico-empresarial, bien podría recuperarse para la ciudad y la región un instrumento que promueva su desarrollo, atendiendo a un sector que ha probado plenamente lo importante que resulta tenerlo funcionando en las mejores condiciones posibles. Ojalá la iniciativa no desmaye y se fortalezca con el pasar de los días. Guayaquil se lo merece en el bicentenario y por ello se invita a los legisladores del Guayas a pronunciarse.