Columnas

Gran acuerdo nacional ecuatoriano

"Es altamente deseable que los días que vienen evidencien algo de madurez en nuestros políticos"

Escucho, cada vez con más frecuencia, que en ánimo de garantizar el futuro se requiere lograr un gran acuerdo nacional ecuatoriano. Con ese mismo nombre lo propuse a comienzos del gobierno de Gustavo Noboa.

Creía entonces, y creo más ahora, que hace rato al Ecuador le están haciendo falta acuerdos en temas clave y en temas simples.

No faltó por entonces quien comentara en su columna de opinión, burlándose de la propuesta sin entenderla, que el nombre generaba remembranzas de lotería. Yo no tuve tiempo, en mi corto ejercicio ministerial, para defenderla y consolidarla y, como algunos miembros del gabinete tampoco se manifestaron muy convencidos, el proyecto se olvidó.

No es fácil concertar políticamente en el Ecuador para llevar adelante un proyecto de nación. El pacto casi siempre va teñido de un profundo electoralismo sin propósito. Por ello estamos como estamos y pareciera que vamos a seguir estando.

De entre la amplia baraja de aspirantes a dirigir la República, pareciera que ninguno se ha dado cuenta de la gravedad de la situación. Si así fuese, tendría claro que sin lograr consolidar un frente por la patria, un Frente Ecuador, su gobierno no tiene porvenir, La oposición se lo “come” con enorme facilidad. La torpeza de los asambleístas, sumada a las aspiraciones represadas constituyen una mezcla que deja sin gobernabilidad a los próximos conductores nacionales. Ellos serían muy ingenuos si pensaran que ya el tema económico está resuelto con los nuevos endeudamientos. Tampoco se han logrado avances consolidados en relación a la pandemia, y la magnitud del desempleo garantiza una inevitable y cercana explosión social que no será posible contener solo con el uso de la fuerza, aunque esta se aplique progresivamente.

Así las cosas, los líderes deberían empezar a actuar como tales, conduciendo su accionar al logro de acuerdos que cada vez estimo menos factibles. Si a lo que ya tenemos se suma en estos días otro debate que, en un país que creía laico, puede dividir profundamente a la nación: la inconosa disputa sobre algunas de las reformas del recientemente aprobado COS.