El ecocidio amazónico

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El ecocidio amazónico

Aunque la defensa del medio ambiente debe incluir a la Tierra como un todo, uno de los ecosistemas que nos compete directamente es el amazónico’.

Uno de los más hermosos patrimonios naturales de Sudamérica son sus territorios amazónicos. Provistos de una exultante biodiversidad, constituyen un paraíso para los que allí viven y para quienes tienen el privilegio de poder visitarla.

A los ecuatorianos nos consta su belleza recorriendo la Amazonía que poseemos. Algunos hemos tenido el privilegio de conocerla en algo más de su extensión y atractivo en ciudades como Iquitos o Manaos y podemos dar cuenta de su deslumbrante y mágica hermosura.

Pero precisamente los hombres, que antes, bajo la fiebre del caucho produjeron esas emociones urbanas en el corazón de la selva más grande del mundo, son los que ahora, bajo el impulso de la riqueza maderera o la de diversos minerales que allí existen, la están destruyendo.

En Brasil especialmente, con una visión a mi modo de ver equivocada, se está ofendiendo a la selva y a toda su riqueza en flora y fauna, causando un grave daño al conjunto del sistema.

Los países que forman parte de él deberían, utilizando los mecanismos previstos en el Tratado de Cooperación Amazónica, tomar cartas en el asunto.

Bien se sabe que la selva tropical suministra humedad a toda Sudamérica, influye en las lluvias de la región, contribuye a la estabilización del clima global y posee la mayor biodiversidad del planeta. La selva amazónica produce grandes cantidades de agua, no solo para Brasil, sino para toda Sudamérica.

Por eso, destruir la selva tropical amazónica es un ecocidio contra el patrimonio natural de todos. Con razón se la ha llamado el pulmón del mundo pero, me consta, muchos brasileños no aceptan esa manera de entender a la región amazónica y la objetan señalando que es su derecho explotar los recursos naturales de su territorio, irrespetando también a los aborígenes que los habitan.

Aunque el daño que se ha hecho es mayúsculo, todavía estamos a tiempo de lograr frenarlo para evitar males mayores.

No se puede permitir que la poco ilustrada prepotencia de un mandatario, que también ha tenido manifiesta negligencias frente a la COVID-19, continúe propiciando el atentado en absoluta impunidad.