Día de la Independencia

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Día de la Independencia

Necesitamos unidad para hacer una profunda reforma política que nos permita derrotar a los enemigos del presente’.

No hago comentarios sobre el presente título. Queda para la reflexión de quienes nos gobiernan y la de todos los interesados en el futuro del Ecuador.

Un día como el de hoy, hace doscientos años, los ciudadanos de esta pequeña región del mundo, continuando el esfuerzo que los seguidores de Espejo hicieron el 10 de Agosto de 1809, nos otorgaron el honor de disfrutar de la Aurora Gloriosa del 9 de Octubre de 1820. Poco después, inspirados por la firme voluntad patriótica de Olmedo, iniciaron el ascenso hacia Quito, con apoyo de múltiples ejércitos de las naciones que mantenían iguales sentimientos libertarios; y bajo la conducción del brillante estratega, padre del derecho internacional humanitario, Antonio José de Sucre, consiguieron la victoria final.

Como expresara el Abel americano en el Pichincha: “Gloria al vencedor, honor al vencido”.

Que eso baste para evitar los ditirambos propios de la fecha.

El hecho real es que el Ecuador, y nos duele, sigue prisionero de nuevos imperios: el de la corrupción, el del crimen organizado, el de la falta de civismo, el de la ausencia de ética y de rumbo.

Presumo de mantener optimismo en las peores situaciones. No me agrada el lenguaje catastrofista, pero tampoco soy de los que barren sus tensiones bajo la alfombra. Muchas ocasiones he señalado que prefiero resultar grosero por el camino de la franqueza que hipócrita por el de la cortesía. Hoy creo llegado el momento de gritar: ¡carajo! Organicémonos para una segunda independencia. Nos estamos quedando sin república, mientras la delincuencia común y la de cuello blanco se la toman por asalto.

Como no tenemos partidos políticos, dignos de ese nombre; como no podemos aspirar a encontrar remedios en la acción correctiva de la Justicia bien administrada; como en la Función Legislativa solo por excepción hallaremos patriotas con la cabeza bien amoblada y valeroso talante democrático; como desde el poder Ejecutivo se fomenta la desunión de los ecuatorianos, me permito solicitar a las FF. AA. que hagan, en nombre de sus antiguas y renovadas glorias, un llamado a la unidad nacional.