Columnas

Mafias impunes

"El mensaje es claro: los ministerios están tomados por mafias delincuenciales intactas todavía, pese a los esfuerzos por limpiarlos"

El desparpajo con que se pasea por las calles de Guayaquil uno de los “presuntos” ladrones de medicinas substraídas de las bodegas del IESS. La naturalidad con que las promueve vía medios electrónicos, recalcando que “sí hay” en su rústica propaganda que incluye el teléfono al cual llamar, nos deja sentir que probablemente tenga padrinos poderosos o impúdicos.

¿Será que es analfabeto o se pasa de cínico? En las cajas de la droga se puede leer: Prohibida su venta, y se destaca que el fármaco es propiedad del IESS.

Sin duda, la delincuencia políticamente organizada conoce sobre los resortes sicológicos que se deben estimular para darle naturalidad a sus hábitos de malandrines, volviéndolos parte del paisaje cotidiano. Poco falta para que se sientan una especie de misioneros de la salud que, aunque caros, consiguen medicamentos que de otra forma son inasequibles. Más aún cuando los informes oficiales del bodeguero del IESS dicen que ese medicamento se agotó. ¿Será que el bodeguero tiene poderes tales para anunciar la escasez sin patrocinio de las autoridades de la esquilmada institución? No lo creo. Presumo más bien que la red de complicidades está muy bien montada. Es casi una industria de quienes hicieron de la mezcla política-delincuencia su aportación al desarrollo de las ciencias políticas en el Ecuador.

¿Qué dirán ahora los respectivos ministros que, evidentemente, sufren del engaño permanente de sus subordinados, los cuales les dan información falsa en muchos de los campos de su actividad? Por ejemplo, respecto a que la pandemia en Quito estaba bajo control y que no iban a faltar camas. ¡Ni con las recientes donaciones de Estados Unidos contarán con los respiradores artificiales suficientes, si se descuidan! Y es que la mafia que se ha tomado los respectivos ministerios se burla de los ministros y claro, ellos no están para combatir la corrupción. Son solo técnicos. Deberían tener claro que es un mandato constitucional para todos los ciudadanos luchar contra la corrupción. Y lo peor es que los buenos ministros han empezado a renunciar. No hay quién aguante esas presiones.