Por fin abril

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Por fin abril

Es de esperar que los cambios efectuados en el gabinete ministerial fructifiquen positivamente’.

Dice la tradición, aunque no comprobada, que abril viene de abrir. Coincide el mes con el periodo en que la tierra se abre a las flores y ellas se abren a una enorme variedad de colores y de formas: los insectos. Así se mantiene el ciclo de la vida, en una de sus manifestaciones más hermosas, renovándose, no hasta el infinito como se creía antes; ahora se sabe bien: cada año se extinguen numerosas especies de animales y plantas.

Como ocurre en la naturaleza, igual sucede entre las organizaciones de los humanos. Por eso aquello del renovarse o morir. Lamentablemente, lo que parece eterno es la pequeñez de algunos sentimientos negativos, y lo que evidentemente va desapareciendo es el patriotismo con capacidad de llegar al sacrificio, por el interés de la tierra que nos vio nacer.

Perdura el odio, perdura la ambición desmesurada y como el éxito solo se lo concibe contante y sonante, se ha descubierto en el patrimonio del Estado una buena fuente de enriquecimiento rápido y sin riesgos: el dinero tiene capacidad de comprar casi todo; también impunidad.

(Si no fuese por la acción de los investigadores estadounidenses y el esfuerzo de algunos diarios como EXPRESO, sería posible seguir creyéndonos un país de gente honrada, “respetuosa del sagrado patrimonio de la nación.”)

Pero ha llegado abril y pareciera que se abrirán, es deseable, los comportamientos políticos tercos. Empecinamiento lo llamarán unos, firmeza doctrinaria otros. Yo no me atrevo a calificarlos pero, algunas me parecen actuaciones que ni siquiera un jugador argentino de fútbol podría superar.

Felizmente ha llegado abril y empezamos a oxigenarnos. La lluvia cotidiana nos limpia y nos refresca. Ojalá eso permita entendernos. Bien decía el mítico Dr. Andrés F. Córdova: “Nosotros somos un plato de mala loza. Entero para algo sirve. Roto, a nadie se le ocurriría recoger un fragmento, como podría suceder con un pedazo de porcelana fina”.

Ahora, creo que hay que bajar el tono. No podemos seguir desunidos mientras el crimen organizado se ríe de nosotros.

Si nos entendemos, no habrá comuniones espurias en la Semana Santa.