Un país distópico

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Un país distópico

Eso es lo que al Ecuador le hace falta, una visión de futuro compartida hacia donde podamos caminar

Decía Platón, en sus obras La República y Las Leyes, referentes de las propuestas utópicas del humanismo renacentista, que “no hay tal lugar”, pero “puede haberlo”.

Se refería a una visión de un mundo perfecto, con un Estado ideal y justo, que se materializaba en las ciudades, donde, según él, “la vida es perfectamente dichosa”.

Esto era posible en la vida en comunidad, donde la unidad era tal que “hasta las mismas cosas que la naturaleza ha dado a los hombres en propiedad se hacen de alguna manera comunes a todos en la medida de lo posible, por ejemplo, los ojos, las orejas, las manos, y todos los ciudadanos se imaginan que ven, que entienden y que obran en común”.

Ya en el Renacimiento, durante los siglos XVI y XVII, tanto Tomás Moro, en Utopía, como Tomasso Campanella, en la Ciudad del Sol, y Francis Bacon, en La Nueva Atlántida, nos presentaban esos lugares donde se combinaban los sueños científicos con nociones filosóficas, en formas de organizaciones sociales ideales y perfectas y con sociedades viviendo de manera armónica y equitativa.

Los utopistas del siglo XIX, como Robert Owen o Charles Fourier, planteaban sustituir las ciudades reales por otras ideales, donde se pudiera plasmar el discurso crítico frente a la realidad y los proyectos de futuro o donde se concretaran el cambio social, los sueños de libertad, de justicia y de equidad.

Hoy, la realidad del Ecuador es la de un país distópico más dividido y desigual, con un presidente enredado en su entelequia, una clase política mercenaria y más desprestigiada que nunca, con partidos políticos sin rumbo ni ideología y una ciudadanía que ve cada vez más lejana la utopía de un Ecuador unido, más justo, de progreso y de paz.

Se preguntaba Eduardo Galeano: ¿para qué sirve la utopía? Y respondía: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Eso es lo que al Ecuador le hace falta, una visión de futuro compartida hacia donde podamos caminar.