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Columnas

Guayaquil: fechas claves

"El 2020 deberá convertirse en el año cuando la ciudad deberá dar un paso significativo en su modelo urbano".

Santiago de Guayaquil ha sufrido profundas modificaciones a lo largo de su historia como resultado de su vulnerabilidad, lo que ha obligado a los pobladores y a sus autoridades a replantear su desarrollo cada cierto tiempo y a corregir los errores de su crecimiento urbano. Podemos identificar, al menos, cinco momentos en la historia ligados a esos puntos de inflexión y de cambios en su modelo urbano.

El primero, el nacimiento de la ciudad en la llanura andina de Cicalpa, cerca de la actual ciudad de Riobamba, el 15 de agosto de 1534, cuando fue fundada con el nombre de Santiago de Quito, asumiendo como válido el resultado del trabajo sobre el tema realizado por los historiadores Dora León Borja y Ádam Szászdi.

El segundo, la ubicación definitiva en 1547, junto a la confluencia de los sistemas fluviales de los ríos Daule y Babahoyo (que conforman el Río Guayas) en el sector de Lominchao, en las laderas del Cerrito Verde o Cerro de la Culata. Este cambio en la localización significó una modificación fundamental en el propio carácter de la ciudad, que le permitió constituir su vocación de ciudad-puerto.

El tercero, en 1693, cuando se reubica la ciudad sin desaparecer el asentamiento original, como consecuencia de la destrucción de 1687, lo que determinó la constitución de una ciudad bicéfala con dos núcleos urbanos: la Ciudad Nueva y la Ciudad Vieja.

El cuarto, el Gran Incendio del 5 y 6 de octubre de 1896, que no solo obligó a reconstruir la ciudad, sino, principalmente, a modificar su traza urbana, unificando de manera definitiva los dos núcleos coloniales y resolviendo, por fin, los problemas que esto había acarreado.

El último momento es el que estamos viviendo. El 2020 deberá convertirse en el año cuando la ciudad deberá dar un paso significativo en su modelo urbano que implique el fortalecimiento de los barrios como unidad de planificación, una nueva forma de movilidad y de abastecimiento y, sobre todo, que el ciudadano y su bienestar sean el eje y fin de esas transformaciones. Es el momento de ir construyendo una nueva ciudad.