Columnas

Hacia ciudades policéntricas

"Los científicos advierten que la presencia de virus agresivos y de nuevas epidemias será cada vez más frecuente, lo que implica modificar el modelo de desarrollo actual de las ciudades"

Uno de los cambios profundos que la epidemia de coronavirus nos ha impuesto es que reflexionemos sobre la concepción de nuestras ciudades. El modelo actual ya no funciona.

En general las ciudades latinoamericanas tienden a parecerse. Tenemos un modelo de ciudad segregada, unicéntrica y dispersa. Hay sectores residenciales para los diferentes estratos poblacionales, sectores administrativos con baja residencialidad, sectores industriales periféricos, sectores comerciales, etc. Día a día gran parte de la población debe movilizarse desde tempranas horas de la mañana para ir a trabajar y luego regresar por la tarde a sus lugares de residencia. Para ello, en su mayoría, hacen uso del transporte público.

Sin embargo, también la pandemia, ha obligado a restringir la capacidad en el uso del transporte público masivo, lo que ha presionado a pensar en otros sistemas de movilización alternativos que sean seguros para las personas: caminar, por ejemplo, y hacer uso de medios de transporte no motorizados como la bicicleta.

Pero también hay que pensar a largo plazo. Los científicos advierten que la presencia de virus agresivos y de nuevas epidemias será cada vez más frecuente, lo que implica modificar el modelo de desarrollo actual de las ciudades. El cambio climático, la agresiva destrucción de enormes extensiones de bosques y selvas tropicales, la ampliación de nuevas zonas urbanas y el contacto cada vez más frecuente con especies de animales portadoras de virus aún desconocidos y potencialmente pandémicos, incrementará el riesgo, con consecuencias difíciles de predecir.

Como consecuencia de esto debemos cambiar de paradigma urbano. Se necesita pasar de un modelo de ciudad segregada, unicéntrica y distante, a un modelo de ciudad integrada, policéntrica y con servicios cercanos, donde podamos desarrollar nuestras actividades diarias: trabajar, comprar, recrearnos, etc., sin tener que trasladarnos grandes distancias. Con sistemas de desplazamientos más seguros, baratos y eficientes.

O nuestras ciudades cambian o el desastre es inevitable.