Columnas

¿Qué celebramos?

Recuperar su nombre completo es una manera de recordar su historia y de proyectarnos al futuro.

No han terminado entre los historiadores las discrepancias respecto a la fecha de la fundación de la ciudad de Santiago de Guayaquil. La polémica surgida en 1955 con la publicación de la obra Las fundaciones de Santiago de Guayaquil del historiador Miguel Aspiazu Carbo, donde sostenía la tesis de que Santiago de Quito, fundada el 15 de agosto de 1534 por Diego de Almagro cerca de la actual ciudad de Riobamba, correspondería a la fundación original de Guayaquil, aún no se ha zanjado. Los historiadores Dora León Borja y Ädám Szászdi en diferentes escritos, retomando la tesis de Aspiazu Carbo, aportaron nuevos elementos que sustentarían esta idea.

Más allá de esta polémica que en algún momento deberá ser aclarada, fuera de cualquier connotación política que esta pudiera acarrear, lo que interesa es saber que en los primeros años de existencia de Santiago de Guayaquil su ubicación fue cambiando, tanto por presiones de los indígenas locales como por la necesidad de encontrar el lugar más idóneo desde el punto de vista estratégico de apoyo al sistema económico colonial.

En 1537, Francisco de Orellana asentó la ciudad en Daule, donde estaría por dos años, luego de los cuales se trasladó nuevamente al denominado asiento de Amay, donde permaneció hasta 1542, cuando nuevamente fue trasladada hasta el Paso de Huayna Cápac, como se denominaba a la actual ubicación, junto a la confluencia de los ríos Daule y Babahoyo. Sin embargo, en 1543 los pobladores decidieron regresar a la ubicación anterior, donde permanecieron hasta mayo de 1547, cuando ya de manera definitiva se la volvió a asentar en el lugar actual, al pie del Cerrito Verde, configurando su carácter de ciudad-puerto.

De tal manera que lo que celebramos el 25 de julio son las fiestas patronales de Santiago de Guayaquil, cuyo nombre nos hermana a otras ciudades de España y América que llevan el nombre de Santiago, desde Santiago de Compostela hasta Santiago del Estero. Recuperar su nombre completo es una manera de recordar su historia y de proyectarnos al futuro.