Columnas

Seguimos “apestados”

Por supuesto uno de los principales temores es que la masificación tan propia de este tiempo posibilite...

La epidemia del coronavirus ha venido a conmover y darle la vuelta al mundo. No solo que nos llena de pánico ante la posibilidad de llegar a ser uno de los miles de “apestados” que se han dado en los varios países del planeta y que entre nosotros ya contamos con más de un centenar de casos, sino que también se han convulsionado las economías de los estados pobres y poderosos, contándose entre las causas principales la notable baja del precio del crudo y la prohibición de los vuelos aéreos internacionales, con el turismo reducido prácticamente a cero. 

Con una población mundial que ha crecido desproporcionadamente con millones de pobladores que cumplen tantos oficios, incluidos los ilícitos, las pestes anteriores, como la bubónica, la gripe española y la fiebre amarilla, como que “le quedan tachuela” al Covid-19. Y esta situación ha originado que nuestro gobierno emita desesperadamente nuevas y sacrificadoras medidas para dar paso a imprescindibles emergencias económica y sanitaria. Es decir, cuidando la salud y el bolsillo de los ecuatorianos.

Por supuesto uno de los principales temores es que la masificación tan propia de este tiempo posibilite aún más el contagio del virus chino entre los seres humanos, por lo que se ha comenzado por tratar de impedir lo que puede calificarse como “grupalización”, es decir que hasta se puede aplicar en este caso, sin caer en la hipérbole, el adagio que aconseja que “es mejor andar solos que mal acompañados”. 

Se han suspendido pues las clases en centros de estudio (de Sierra y Oriente, ya que en la Costa rigen las vacaciones posteriores al año lectivo 2019), los partidos de fútbol que convocan a miles de hinchas se jugarán sin público en los grandes estadios que se mantendrán vacíos y hasta es posible que se pida al Papa o a obispos y cardenales que dispongan que, al igual que dictar clases a través de la internet a los alumnos en vacaciones obligadas, también se oficien las misas virtualmente, aprovechando la TV. Y que, por supuesto, se dejen para otros tiempos las procesiones de los fieles católicos y hasta las movilizaciones indígenas o citadinas, aunque ello obligue a otra nueva y muy original declaración del sorpresivo dirigente Jaime Vargas.