Columnas

Las flores del bien

"Pero otro producto de nuestra exuberante naturaleza nos está proporcionando ganancias en estos momentos tan críticos de la pandemia de COVID-19..."

Desde la época de la presidencia de Galo Plaza, perteneciente a una poderosa familia de terratenientes quiteños dueños de la gran hacienda La Avelina, el Ecuador se convirtió en el primer exportador de banano en el mundo, título y primacía que aún conserva a pesar de la competencia de los bananeros de Colombia, Brasil y Centroamérica.

En los años setenta del siglo pasado durante la “dictablanda” del general ‘Bombita’ y el ‘boom’ petrolero, también nos llegó de pronto y por suerte, hasta darnos derecho de tener un puesto en la poderosa OPEP. Y los camarones, tan oportunos para un ceviche que extermine los molestosos chuchaquis, que se cargaron a nuestros productos de exportación.

Pero otro producto de nuestra exuberante naturaleza nos está proporcionando ganancias en estos momentos tan críticos de la pandemia de COVID-19: las flores, especialmente rosas, que se exportan con todo éxito a varios países del mundo, sobre todo a nuestro principal comprador, Estados Unidos, y a varios países de la Unión Europea, a los que podemos agregar también países asiáticos como China y la India.

Estos productos no comestibles que son expresión de la belleza, y por sus vivos y atractivos colores y por su seductora fragancia, de la parte poética de la naturaleza, se utilizan para exteriorizar las pasiones que unen a hombres con mujeres, y para adornar las tumbas de los queridos seres que nos abandonaron al dejarse llevar por la Parca, que a nadie perdona, así como para adornar parques y jardines o para llevar la belleza cotidiana a todos los hogares en donde sepan apreciarla.

En medio de la crisis pandémica que nos sigue afectando, las flores constituyen una suerte de excepción. Sus exportaciones a los países de la UE han subido de $ 2.063 millones a $ 2.178 millones. Y ahora los generosos gringos nos han eliminado el pago de los aranceles al reducirlos a cero, lo que significa más entrada de fondos a nuestro país.

Ojalá esta buena suerte no abandone a los floricultores y que junto con los bananeros sigan manteniendo en firme sus ventas más allá de nuestras fronteras.