Columnas

Esperando el domingo 7

¿Una demostración de masoquismo o de auténtico patriotismo, dispuesto a vencer cualquier problema, por muy grande que este sea?

Mientras los indicados y sentenciados por el caso Sobornos en su mayoría se han hecho humo, el CNE sigue recibiendo diariamente a los binomios que se inscriben para someterse a la respectiva calificación, en un número sin antecedentes en la historia política de nuestro país y que bate también el récord en relación con el resto de países democráticos del mundo.

Nos habíamos acostumbrado los ecuatorianos a que los pretendientes a las primeras y segundas magistraturas, con alguna que otra excepción, fueran ciudadanos con ciertos antecedentes políticos o administrativos entre los que pudiéramos que escoger con conocimiento de causa. Sin embargo, en esta ocasión, con unas poquísimas figuras que se repiten, la cantidad de compatriotas anónimos (que me perdonen este adjetivo que resultará para ellos peyorativo) es realmente “alarmante”. O por el contrario, edificante, como diría un optimista que piensa que esa situación confirmaría una auténtica realidad democrática en las que todos tenemos derecho a participar en el proceso que va a ser definido a través de la voluntad popular. Esto dará, además, paso a la aparición de los ‘outsiders’ que suelen sorprender con el éxito que obtienen. No olvidemos que Rafael Correa apenas presentaba como antecedente el haber sido ministro del cardiólogo Alfredo Palacio, entonces presidente, como sucesor del derrocado Lucio Gutiérrez, hoy nuevamente candidato presidencial.

Otra de las extrañas cosas de este proceso electoral que está en marcha y que puede provocar un rebrote de la pandemia del COVID-19 por las aglomeraciones que produces los actos políticos (aunque felizmente la comunicación virtual ya no hace necesaria las masivas movilizaciones a que nos tenía acostumbrados el ya desaparecido velasquismo), es la ambición de poder que como nunca han despertado las elecciones. Ya que sin embargo de que la “peste amarilla” haya enviado prácticamente a la quiebra a empresarios particulares y al propio Estado, todos los aspirantes querrán convertirse, suponemos, en “fiscales de una quiebra”, recordando la famosa frase de Camilo Ponce. ¿Una demostración de masoquismo o de auténtico patriotismo, dispuesto a vencer cualquier problema, por muy grande que este sea?