Columnas

Dolarizados

Y porque Lenín al llegar al poder, colocado allí paradógicamente por su antecesor, echó abajo toda la teoría y la praxis de Correa

El siglo XX sobre el que ironiza y comenta cruelmente el tango Cambalache de José Santos Discépolo, concluyó hace dos décadas (sumando un año más que es el de la pandemia de COVID-19), después de haber dejado huellas de muertes en trincheras y hospitales. En nuestro país se lo sufrió con la terrible crisis bancaria del mandatario de entonces, Jamil Mahuad, comparada con el naufragio del Titanic, quien lleva más de veinte años forzado en un exilio en Estados Unidos, perseguido y condenado por la justicia ecuatoriana. En aquellos tiempos, desde Carondelet tuvo que hacer frente a esa terrible crisis económica en los organismos de crédito y, tal como él lo dijo en esos momentos, tuvo que forzosamente dar un “salto al vacío” aplicando la dolarización, con una inflación monetaria que puso el precio de la moneda gringa a 25 mil sucres. Esto provocaría que no solo los grupos de la izquierda radical afirmen quejosos: “nos han entregado con las manos y los pies atados al imperialismo yanqui”.

Pocos años después, en Argentina se sufrió un drama económico semejante, “el corralito”, aunque su solución no implicó que el peso dejara de seguir siendo la unidad monetaria.

Hemos llegado a más de dos décadas de esa dolarización que le tocó aplicar legalmente a Gustavo Noboa Bejarano, que sustituyó a Mahuad cuando este tuvo que huir del país, sin que nos importara que él había sido el artífice del acuerdo de paz con Perú tras largos años de enfrentamientos diplomáticos y fronterizos. Habernos agringado monetariamente significó afianzar una economía estable, sobre todo en lo fiscal, sin los peligros de esos momentos “inflacionarios” que cuando estábamos sucretizados nos obligaban a devaluar la moneda, cosa que ahora no ha ocurrido ni siquiera bajo los ataques del coronavirus.

Durante el correísmo, Rafael Vicente hizo algunas amenazas de desdolarizar, lo que felizmente no ocurrió por la reacción de los empresarios privados sobre todo. Y porque Lenín al llegar al poder, colocado allí paradógicamente por su antecesor, echó abajo toda la teoría y la praxis de Correa.

Veamos hasta cuándo nos duran las imágenes de George Washington en los billetes.