Columnas

Oxígeno a empresas

'Dotar de capital de trabajo a pequeñas y medianas empresas, que estas reciban préstamos -garantizados por el Estado- por un monto igual al de los impuestos pagados el año anterior. En Ecuador el aval estatal pudiera darse si una ley lo autoriza’.

Empezaron a terminar contratos laborales por “caso fortuito o fuerza mayor que imposibiliten el trabajo” (Código del Trabajo, art. 169, 6º), supuesto distinto al despido sin causa (y por tanto, el primero, sin indemnización). Era previsible. El propio decreto ejecutivo 1017, que ordenó el estado de excepción, lo hizo por “calamidad pública”, o sea por fuerza mayor. Que la actual situación “imposibilita” el trabajo, cuando la presencia es indispensable, es innegable. Como innegable es que no puede impedirse que los empleadores usen ese mecanismo para evitar quebrar -manteniendo otras plazas de trabajo- cuando por la pulverización de sus ingresos no tienen cómo pagar siquiera la nómina completa.

Obviamente no se trata de fomentar el desempleo, y peor hoy. Por el contrario, hay que evitarlo a toda costa. Pero para ello hay que oxigenar a las empresas, más que nada las pequeñas y medianas, pues de nada sirve mantener formalmente en el rol a unos colaboradores a los que no hay cómo pagar el salario.

El pasado 29 de marzo el mexicano Agustín Carstens, exministro de Hacienda y hoy gerente general del Banco de Pagos Internacionales (Basilea), en artículo publicado en el Financial Times, propuso, para dotar de capital de trabajo a pequeñas y medianas empresas, que estas reciban préstamos, garantizados por el Estado, por un monto igual al de los impuestos pagados el año anterior. En Ecuador el aval estatal pudiera darse si una ley lo autoriza, pues la Constitución permite que las garantías del Estado se regulen por ley, art. 290, 8º).

Préstamos de esa clase tendrían, a su vez, que ser automáticamente vendidos por los bancos para recuperar liquidez. Un mecanismo viable es el propuesto, con carta del mismo 29 de marzo, por la superintendenta de Bancos al ministro de Finanzas: que se “reformule” financiamientos en curso al sector público, provenientes del Banco Mundial, BID y CAF, para crear un fondo que se dedique, entre otras cosas, a comprar a los bancos préstamos nuevos otorgados a empresas afectadas por el Covid-19.

Flexibles y creativos hay que ser.