Columnas

Bolsillos hediondos

"El Gobierno habla de reducir los costos de la burocracia, pero no hay gasto mayor que el ocasionado por la corrupción, que por desgracia en nuestro país prolifera"

¡Dan asco! Los corruptos de siempre y otros bribones taimados que ahora salen a luz, pero que con seguridad todo el tiempo han hecho de las suyas bajo las sombras. Esta calaña solo sabe hacer dinero mediante actividades ilícitas, en las que la coima es el aceite que aplican para mantener rodando la maquinaria delincuencial incrustada en buena parte del sector público. En este inframundo de los contratistas malandrines hemos visto una suerte de “jerarquía”. Por un lado tenemos los de medio pelo, que son los que pellizcan cifras menores de contratos retacos suscritos con empresas públicas; y por otro, los de alto vuelo, cuyo atraco es por millones. A estos los encontramos en contratos multimillonarios con el sector público en áreas como la construcción, provisión de equipos, negociaciones petroleras y otros donde el común denominador es que la cifra tenga más de seis ceros. Estamos llenos de esto en nuestro país, con autoridades que históricamente se han hecho de la vista gorda, aplicando el “dejar hacer, dejar pasar”, de manera sospechosa. Nadie puede decir que en el Ecuador los contratos suscritos con entidades públicas están libres de corrupción, sobreprecio, favores y más adjetivos deshonrosos, que les calzan como anillo al dedo.

Ni en medio de esta tragedia dejan de meter sus garras. Se aprovechan de la desesperación, desgracia y dolor para hacer sus negociados con abultados sobreprecios y poder engordar sus bolsillos hediondos. Pero más asco dan los funcionarios públicos que hacen posible estos negociados, pues bien dice el dicho: “ellos son los que proponen, pero ustedes disponen”.

¡Qué miseria la de las autoridades que conociendo quiénes son los individuos que manejan los hilos de tanto negociado, no los tocan por sus arreglos políticos, económicos o sabrá quién, de qué otra naturaleza! Solo fíjense en los bienes que exhiben y ostentan, sin pudor ni trabajo que los justifique.

El Gobierno habla de reducir los costos de la burocracia, pero no hay gasto mayor que el ocasionado por la corrupción, que por desgracia en nuestro país prolifera.