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Refik Anadol y Karel Komárek | La pregunta correcta sobre la IA

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Los productos de la IA tienen sentido y son comprensibles porque su materia prima es humana

Aunque vivimos en una era definida por la influencia desproporcionada de la humanidad sobre el planeta, nosotros mismos atravesamos profundos cambios. Las máquinas están empezando a hacer cada vez más tareas que antes eran exclusivas de la labor humana (incluso muchas que dependen de la creatividad). La inteligencia artificial ya no es una posibilidad teórica lejana: está aquí y llegó para quedarse. Al analizar su potencial, es tentador reproducir el tecnooptimismo de los 90, cuando Deep Blue de IBM le ganó al campeón mundial de ajedrez y generó una ola de interés interdisciplinario respecto de las formas de usar y comercializar la IA en otros ámbitos. Pero también puede ser tentador adoptar la mirada opuesta e insistir en que se tornará una amenaza inaceptable para los medios de vida de la mayoría e incluso para la existencia de la humanidad misma. Las dos reacciones han acompañado la aparición de grandes innovaciones. Y ambas cometen un error similar, al tratar el avance tecnológico como algo separado de nosotros. Los optimistas están entusiasmados por lo que la IA puede hacer para nosotros, mientras que los pesimistas se preocupan por lo que puede hacernos a nosotros. Pero lo que deberíamos preguntarnos es qué puede hacer la IA con nosotros, pregunta que se aplica por igual a las bellas artes y a las finanzas. La interrelación entre pasado y presente también sirve para describir a la IA generativa. Al basarse en un vasto acervo de expresiones humanas previas (datos), la IA puede lograr una aplicabilidad casi universal y facilitar la innovación en un sinfín de áreas de la cultura y de la industria. Fue esta idea lo que nos motivó a llevar adelante nuestro proyecto colaborativo Dvořák Dreams. Con el poder del aprendizaje automático, transformamos las obras, los archivos visuales y el legado del compositor checo decimonónico Antonín Dvořák para crear una instalación de 100 metros cuadrados que se exhibió en septiembre en el Festival Internacional de Música de Dvořák en Praga. Fue el proyecto inaugural de 0xCollection, una nueva iniciativa cultural dedicada al arte digital, y ejemplificó el potencial de la IA como herramienta para transformar la creatividad humana y enriquecer la herencia cultural. El aprendizaje automático puede aportar profundos beneficios. Aunque hoy nos resulte novedosa y extraña, la IA puede ser una herramienta sumamente poderosa al servicio de nuestros fines. La utilidad de la IA (incluso como instrumento de creación de sentido) dependerá de la respuesta de los seres humanos a sus productos. Tendrá un papel creciente en nuestro cada vez más digitalizado mundo. Lo que necesitamos es una estrategia de coexistencia que respete, valorice y optimice ambas partes, el ser humano y la máquina. Vemos Dvořák Dreams como una prueba de concepto; nos obligó a dejar de lado el debate sobre humanos contra humanos y humanos contra máquinas. El resultado fue beneficioso para el desarrollo de la tecnología y para el progreso del arte contemporáneo, y ahora estamos pidiendo una revolución, no de la tecnología, sino de las actitudes de la humanidad hacia ella. No hay duda de que la IA es extraordinariamente poderosa, pero no es en modo alguno la primera tecnología que haya modificado la condición humana. No hace falta ser fanáticos de la tecnología ni críticos irreductibles. El progreso humano es resultado de la colaboración entre nosotros y, entre nosotros y nuestras máquinas. El papel de artistas, inversores e innovadores en la revolución de la IA es el mismo: combinar la apertura hacia el futuro con la apreciación informada del pasado.