Columnas

Llegó la hora

"Este domingo votamos por cambiar el rumbo a este país. De todos nosotros depende hacer que nuestro voto valga. Si no lo hacemos, no podremos quejarnos luego"

Es el momento de decidir, de tomar partido por un partido, por un modelo de gestión. No podemos dejar a la suerte o al “destino” el futuro del país. No podemos pretender votar nulo o en blanco para que otros decidan por nosotros, para luego victimizarnos y criticar a quien venga; no podemos lavarnos las manos. No se puede promover el voto nulo con la excusa de haber sido supuestamente traicionado por un supuesto fraude. El movimiento indígena nunca pudo probar dicho fraude, ni reunir las pruebas necesarias, no logró presentar una demanda coherente. Pérez dejó así en evidencia su escasa capacidad de dirigir, de organizarse; dejó en evidencia nuevamente su poco respeto a la institucionalidad y las leyes del país. Pero ese ya no es el problema, el fantasma de un desgobierno indígena quedó en segundo plano. Ahora la disputa se centra entre la mafia organizada (desde un ático) que gobernó durante 14 años y dilapidó el dinero del pueblo o el candidato que por ser exbanquero genera resistencias, pero que plantea la única opción viable para enrumbar al país. La elección parece fácil, pero no lo es. Mientras existan personas que promueven el voto nulo, mientras hayan Vargas que den la mano y apoyo al candidato del descaro, mientras haya quienes se conforman con el que robó porque hizo obras (aunque sean mal hechas), mientras haya tantos intereses particulares de quienes se beneficiarían con la entronización del capo. Es difícil elegir a un candidato que sostiene su campaña en discursos coherentes, en planes de gobierno estructurados, que habla de economía y geopolítica, cuando pocos entienden de ello. Es por eso que finalmente el candidato arriesgó a salir de su estereotipo, arriesgó a poner su imagen en tiktoks y no solo se puso los zapatos rojos, también empezó a hablar un idioma más fácil de entender. El idioma de la gente, de las cosas básicas, de las necesidades del día a día, con una sonrisa franca y una mirada directa a la gente.

Este domingo votamos por cambiar el rumbo a este país. De todos nosotros depende hacer que nuestro voto valga. Si no lo hacemos, no podremos quejarnos luego.