Patria, tierra abandonada

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Patria, tierra abandonada

Si el presidente quiere vencer al crimen organizado, debe empezar por los crímenes sociales y políticos que invitaron a las mafias a una tierra abandonada

En estos días sangrientos es más fácil entender por qué le cantamos a la “Patria, tierra sagrada (…) que engrandeció el dolor”. No es por eso el momento de romantizar la tragedia de la reciente crecida de violencia en el país, sino de saber que esta es una ocasión singular que nos llama a enfrentar esa tragedia.

Cuando el presidente Lasso nos dice que estamos en guerra no se equivoca. Pero es preocupante que el presidente no reconoce claramente a nuestro enemigo, ni el campo donde lo debemos combatir. Es tentador pensar, como parece creer el Gobierno, que aquí simplemente estamos peleando entre balas y decomisos contra el crimen organizado. Pero es evidente que no tenemos la capacidad de ni siquiera pellizcar las filas o las cuentas de un imperio global del crimen. Pensar de otra manera es haber perdido todo sentido de proporción e ignorar el ejemplo de la región entera.

Es cierto que el narcotráfico se ha tomado al Ecuador. Pero el narcotráfico solo ha entrado en la tierra que nosotros mismos dejamos abandonada. Esa tierra no se perdió por las armas, ni tampoco la recuperaremos con el mero uso de la fuerza. Peor cuando parece que entre las filas policiales falta tanto entrenamiento como suministros, pero sobran las riñas.

Lo que hemos perdido en el terreno es la vida social y económica del Ecuador, cedida frente a los viejos demonios del país, para terminar en las manos de las bandas. Cada barrio hundido en el mar de la desigualdad se convirtió en un centro de reclutamiento para el único empleo ofrecido por los criminales.

Donde el amparo del Estado desapareció por la corrupción, aparecieron nuevos patrones a imponer su soberanía. Cuando insistimos en dejarle la política al clientelismo, los mafiosos entraron a jugar el mismo juego y barrieron con el tablero.

Nada de esto puede ser revertido a punta de balas. Nuestras únicas armas efectivas son la inversión y el respeto por las leyes. Transformaciones materiales y no valores vaciados por su falta de aplicación.

Si el presidente quiere vencer al crimen organizado, debe empezar por los crímenes sociales y políticos que invitaron a las mafias a una tierra abandonada.