Dos centralismos

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Dos centralismos

El resto del país les significa solo rentas o un campo de batalla. No han sabido vencer primero su propio centralismo

La mayoría de los partidarios del federalismo en Ecuador, aparte de vivir en la misma conurbación, comparten la singular convicción de que el único obstáculo que enfrentan yace en Quito. No podrían estar más equivocados. Los federalistas criollos tienen que luchar también contra el ostracismo autoimpuesto de Guayaquil, su falta de convicción descentralizadora y la poca llegada que tienen sus ideas en el resto del Ecuador.

Aunque la libérrima Guayaquil reclama con justicia el trato que recibe por parte de los poderes fácticos de la capital, el Puerto Principal olvida cómo ha tratado a sus propias periferias. Al mismo tiempo que la ciudad sigue creciendo en riqueza, Posorja, Tenguel y Puná no comparten su desarrollo, teniendo la una puerto y las otras ricas haciendas. Lo mismo pasa con los suburbios que, aun siendo hogar de una tremenda fuerza productiva, siguen dependiendo de los servicios y obras más básicos, mientras que la administración municipal se concentra todavía en el viejo centro de la urbe. Tampoco debemos olvidar cómo Santa Elena terminó separándose de nuestra provincia después de que los guayaquileños invirtiésemos fortunas en sus cantones sin haberlos convidado jamás al negocio.

De esta manera las élites federalistas de Guayaquil se han ido aislando de la región a la que quieren convocar a su lucha. Porque de la misma forma en la que no han podido descentralizar su cantón ni mantener unida su provincia, han dejado que la Costa pierda su identificación con Guayaquil. Sus dirigencias solo son convocadas a la ciudad portuaria a recibir órdenes y los reclamos del campo rara vez figuran entre las prioridades del patriciado guayaco. Cosa que no podría ser de otra manera, ya que los guayaquileños nos desentendemos cada vez más de nuestra identidad, de las costumbres y vestimentas que nos unían y hasta del río que nos conectaba con la antigua Provincia Libre.

Pero lo peor para la causa federalista es cómo han dejado que su debate transcurra solo en la línea tensionada entre los polos mezquinos de Quito y Guayaquil. El resto del país les significa solo rentas o un campo de batalla. No han sabido vencer primero su propio centralismo.