César Febres-Cordero Loyola | Petro llegó antes
Hemos aceptado recibir personas deportadas de los Estados Unidos, nos hemos alineado con su política exterior
El día de ayer, nuestro presidente Daniel Noboa finalmente llegó a la Oficina Oval. Lo hizo entre una copia del ‘Art of the Deal’ que sería firmada con una dedicatoria para otra persona y unas bolsitas de café y chocolate de exportación provenientes de un país distinto al nuestro. Y es que Noboa no viajó Washington, sino que se hizo presente, tan solo como tema de conversación, en una visita ajena, la de un presidente sancionado al que le revocaron la visa hace muy poco. Encima, fue la cita de un presidente con quien él decidió pelearse hace tan solo unas semanas.
La reunión de Gustavo Petro con Donald Trump, la cual se dio de forma sorpresivamente amistosa para muchos, ha dejado a demasiadas personas descolocadas, como a los izquierdistas colombianos que exageran el triunfo de una gestión diplomática que, lejos de ser una gran conquista, no es más que una exitosa -aunque todavía parcial- reparación de las relaciones entre su país y los Estados Unidos.
En cambio por estos lares, muchos partidarios del oficialismo, que ha designado a Petro como el enemigo de la temporada, se refugian en la exageración diciendo que el presidente colombiano entró de forma humillante por una supuesta puerta de servicio (que en realidad es utilizada frecuentemente para encuentros con diplomáticos, y su uso en esta ocasión seguramente se debió a la naturaleza extraordinaria del encuentro). Incluso llegan al terreno de la fantasía pretendiendo que los comentarios amigables y las dedicatorias de Trump fueron puro sarcasmo, o imaginándose que ambos mandatarios fingieron sus sonrisas.
Si esta visita no hubiera hecho más que exponer otra vez la propensión a la ridiculez de quienes ocupan los extremos del espectro político, no habría por qué prestarle demasiada atención. Pero en realidad este encuentro ha expuesto la débil posición en la que se encuentra el Ecuador. Hemos aceptado recibir personas deportadas de los Estados Unidos, nos hemos alineado con su política exterior y, sin embargo, no nos invitan al ‘Board of Peace’ de Trump y reciben en la Casa Blanca a un exguerrillero antes que a nuestro presiente nacido en Miami.