El país del yo

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El país del yo

Estoy plenamente de acuerdo con que exijan ser visibilizados y atendidos, lo que me asquea es que los utilicen para otros fines.

¿Qué nos une? ¿Qué nos hace sentirnos parte de un mismo país? ¿La selección nacional de fútbol? Quizás cuando gana, porque cuando pierde he escuchado las más terribles expresiones de racismo.

¿Nos unen las catástrofes? Puede ser, en el terremoto de 2016 vimos que la solidaridad se hizo presente en Manabí.

¿Nos unió el COVID-19? Tampoco. Aún recuerdo cuando aquella periodista quería que bloquearan Guayaquil para que el virus no llegue a Quito.

En octubre de 2019 sucedía algo similar a lo que vemos hoy: Guayaquil prácticamente ajena a lo que sucede en la capital, con la gente tratando de resolver día a día problemas como el desabastecimiento.

¿Somos realmente empáticos con lo que está sucediendo? ¿Tratamos de ver un poco más allá? ¿Pensamos en las demandas de los sectores olvidados del país? ¿Somos capaces de percibir las agendas políticas que se tejen? ¿Somos críticos y autocríticos? Pero, más allá de eso, ¿queremos serlo?

Le pregunto a usted, que lee esta columna, si honestamente le preocupa la vida de un agricultor… que pueda conseguir créditos, que tenga acceso a la salud, a la conectividad, a la educación, a las oportunidades. ¿Nos interesa, como país, que eso suceda? ¿O es mejor hacer de cuenta que ese otro no existe? ¿Se siente cómodo pensando en que esas personas son olvidadas e invisibles para quienes vivimos en la ciudad? ¿Por qué cuestionamos, entonces, su protesta?

Estoy plenamente de acuerdo con que exijan ser visibilizados y atendidos, lo que me asquea es que los utilicen para otros fines.

¿Realmente nos interesa la democracia? ¿O solamente nos importa si el gobierno de turno nos simpatiza y conviene a nuestros egoístas intereses? Porque en este ‘país del yo’ he leído los mas increíbles argumentos para justificar la violencia que no le hace bien a nadie, para posicionar que los policías y militares son los enemigos, y que los vándalos los incomprendidos, olvidándose de la verdadera lucha social, esa que busca que todas y todos tengamos una vida digna.

¿Nos importa que el país alcance la paz o solo estamos esperando tener razón?