El juego del calamar

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El juego del calamar

La democracia se ha vuelto una telenovela sobre la vacunación y el desencuentro político mientras, en la vida real, este país sigue sumido en la inseguridad. ¿Quién será el próximo eliminado?

La amenaza de muerte cruzada se ha convertido en la auténtica versión ecuatoriana del juego del calamar. Los que antes se abrazaban y celebraban sonrientes en la tarima, ahora piensan en todas las estrategias para matar o morir.

Porque, seamos sinceros, ¿creen que si volvemos a elecciones, la mayoría de los asambleístas volvería a ganar? ¿Con la misma presidenta de la Asamblea? ¿Con el mismo número de integrantes en las bancadas de socialcristianos y correístas? Cada táctica es una movida de supervivencia y el Gobierno ya lanzó la suya: la cantidad de entrevistas y declaraciones lo confirma. No es casual que se empiece a hablar de la muerte cruzada como el juego final.

Como en la cautivadora ficción, los dilemas morales se muestran de la manera más cruda porque los jugadores no tienen máscaras y tienen todo que perder. El Gobierno sabía que la ley no iba a pasar, los supuestos bloqueadores así lo advirtieron y el mismo presidente admitió que se deslizaron errores. Ahora solo queda esperar el movimiento de quienes mueven los hilos en la Asamblea.

¿Y quiénes somos nosotros en este juego? Los que ponemos dinero para el premio. Los espectadores temerosos, leyendo cifras escalofriantes y preguntándonos cuándo serán atendidos los problemas reales: más de cinco millones de personas en Ecuador viven en la pobreza y somos el segundo país de la región con el más alto índice de desnutrición crónica infantil.

¿Cómo pueden hablar tanto del pasado y de la rivalidad política mientras la gente, que sigue buscando cómo sobrevivir, y que además no entiende el conflicto, espera soluciones?

Tenemos asambleístas que solo miran sus intereses: su prioridad es llenarse los bolsillos y ‘muñequear’ mientras se pueda. Todo lo demás, en segundo plano. Los ministros nos abandonan en un silencio aterrador, y nos despertamos cada día con más muertos dentro y fuera de las cárceles.

La democracia se ha vuelto una telenovela sobre la vacunación y el desencuentro político mientras, en la vida real, este país sigue sumido en la inseguridad. ¿Quién será el próximo eliminado?