El juego de la desestabilización

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El juego de la desestabilización

Sigo insistiendo en que, desde nuestros espacios la presión, la crítica y el reclamo son expresiones democráticas y saludables para corregir el rumbo

Aunque lo he intentado, no logro entender cómo generar inestabilidad podría arreglar el Ecuador que hoy vivimos.

¿Qué les hace pensar que si Lasso sale del gobierno este país va a mejorar? ¿Qué les hace creer que la seguridad volverá el día que él salga? Si así fuera, estamos dejando por sentado que hay un responsable de activar la violencia.

Y es normal que después de leer esto piensen que soy “lassista”. Pero no, nunca lo he sido. Creo en la democracia, como lo he repetido mil veces. La salida del presidente de un país fraccionado como este, no resuelve absolutamente nada.

Sé que me dirán que hay salidas democráticas para el presidente, ¿pero qué garantiza que se apliquen con total transparencia y sin intereses partidistas de por medio? Y más grave aún: ¿quién se hace cargo del Gobierno y de una eventual transición?

Sigo insistiendo en que, desde nuestros espacios la presión, la crítica y el reclamo son expresiones democráticas y saludables para corregir el rumbo.

¿Estamos hartos? Sí. ¿Nos sentimos abandonados? También. ¿Nos sentimos en un callejón sin salida? Todos los días. Pero acá vivimos y no dejar de exigir es lo que nos corresponde. Seguir el juego de la desestabilización, improvisar con el futuro de nuestros hijos es hacerle más daño al país.

Por supuesto, el Gobierno debe hacer su parte. Gestionar lo básico: salud, seguridad y empleo. De nada sirven los acuerdos económicos en el exterior si no podemos salir a la calle por el temor de que nos maten. De nada sirve pagar las deudas si nos morimos en los hospitales por falta de medicinas. De nada sirve derrumbar edificios si los violentos siguen libres.

La Asamblea debería dar resultados de una vez por todas y dejar de calcular cuánto pueden ganar. Y el poder Judicial debería preocuparse por todos los ciudadanos, no solo por sus intereses políticos, y esforzarse por contener la impunidad.

Pedir una cabeza como trofeo es dejarlos huir cuando el barco se hunde. Es aceptar que todo cambie para que nadie cambie. Es mejor exigirles que se pongan a trabajar.