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Carlos Alfonso Martínez | El miedo a perder lo tuyo: sin jueces, todo es arena

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Sin una justicia independiente, la propiedad privada no es un derecho, es apenas una ilusión frágil

En Ecuador, la propiedad privada pende de un hilo cuando la justicia deja de ser un pilar y se convierte en una marioneta del poder.

Lo que hoy consideras tuyo -tu casa, tu negocio, tus ahorros, el fruto de años de trabajo-, mañana puede estar en manos de quien tenga la capacidad de torcer la ley.

Sin una justicia independiente, la propiedad privada no es un derecho, es apenas una ilusión frágil, arena que se escurre entre los dedos.

Muchos creen que esto no les tocará, que es simplemente un problema ajeno, reservado para grandes empresarios o conflictos políticos. Nada más lejos de la realidad.

Cuando un juez depende del poder, nadie está a salvo. No importa si eres un pequeño comerciante, un emprendedor o un profesional: si la ley se interpreta según conveniencias, cualquier patrimonio puede ser cuestionado, congelado o arrebatado.

La pregunta no es si puede pasar, sino cuándo.

Este no es un discurso alarmista, es una advertencia basada en hechos.

Allí donde la justicia pierde independencia, la inseguridad jurídica se vuelve norma. Y sin seguridad jurídica, las inversiones extranjeras sencillamente no llegan. ¿Quién arriesgaría su capital en un país donde un fallo judicial puede cambiar por presión política, donde los contratos valen menos que una llamada de poder? Nadie serio invierte donde la ley no protege.

La propiedad privada es la base de la confianza económica, y la confianza es el motor del desarrollo. Sin ella, el país se paraliza, el empleo desaparece y la pobreza se profundiza.

Cada empresa que no se instala, cada inversión que huye, es consecuencia directa de una justicia débil y sometida.

Sin jueces libres no hay propiedad segura. Sin propiedad, no hay inversión. Sin inversión, no hay futuro.

Es hora de que los ecuatorianos comprendamos que defender la independencia judicial no es un debate abstracto ni ideológico: es defender lo tuyo. Porque cuando la justicia tiembla, todo lo demás cae. Y cuando cae, lo perdemos todo.