¿Aún tienes fe?

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¿Aún tienes fe?

Todos tenemos un rol -algunos más grande, otros más pequeño- para que este imaginario llamado Ecuador se acerque a lo que soñamos

Hace unas semanas me invitaron a una reunión virtual con profesionales del derecho. La idea era charlar sobre Laberinto, una serie documental que estoy realizando y que ilustra la batalla del crimen organizado por controlar el poder político en Ecuador.

Cuando te metes a investigar ciertos temas, algunos ya por años, tu percepción de la realidad cambia. Lo primero que sucede es que empiezas a comprender mejor los hechos, relacionando eventos que a simple vista no están relacionados. Y lo segundo, es que resulta muy difícil ser optimista respecto al futuro porque el país enfrenta problemas oscuros, cuya salida no es fácil de visualizar. A propósito de eso, una dama me soltó la última pregunta: ¿aún tienes fe en el Ecuador?

Me tomé unos segundos para intentar dar con mis palabras más sinceras. Y esto es más o menos lo que dije:

Sí, entiendo que cuando uno ve niveles tan altos de violencia, cuando a los políticos ladrones o a los narcotraficantes se les premia con ‘habeas corpus’, cuando el narcotráfico se expande y en paralelo la mafia política amenaza con frases estilo “pronto no tendrán donde esconderse”, es difícil mantener la fe. Es común en estos tiempos escuchar a gente que considera irse, priorizando el futuro de su familia. Pero no importa cuántos se vayan, es imposible que nos vayamos todos, así que algo debemos hacer.

El país es mucho más que las mafias o los políticos que nos han arrastrado a este sitio. El país es una geografía que te estremece y resucita emociones de tu infancia. Son los sueños que has cultivado. Los amigos que has hecho. Los hijos que imitan todos tus gestos. Los amores que te han nutrido. Los seres que te aman. El país somos nosotros, nuestra historia, nuestro legado. Eso no se lo podemos regalar a nadie.

Todos tenemos un rol -algunos más grande, otros más pequeño- para que este imaginario llamado Ecuador se acerque a lo que soñamos. Cumplámoslo, porque nadie puede hacer esa tarea por nosotros. En lo personal, sin fe, yo no tendría la energía ni el deseo de levantarme todos los días para cumplir con mi parte.