La verdad ya no importa

  Columnas

La verdad ya no importa

Me pregunto si como sociedad estamos conscientes del abismo en el que podemos caer si permitimos que relatos falsos se conviertan en verdades incuestionables.

En 2020 el mundo experimentaba los peores días de la pandemia. En una entrevista de HBO, el presidente de EE. UU., Donald Trump, barajaba unas gráficas sobre los casos de COVID en su país. El periodista que le interpelaba mencionaba el aumento de muertes, insistiendo en la gravedad de los hechos. Trump soltó sus conclusiones: “Estados Unidos está por debajo en múltiples categorías, estamos por debajo del promedio del mundo, estamos por debajo de Europa”, Cuando el periodista analizó las gráficas, le hizo ver su error a Trump y este respondió: “no puedes hacer eso”. EE. UU. estaba en ese momento peor que Europa y para nada, “por debajo del promedio” de muertes mundial. Eran los hechos. Sin embargo, Trump zanjó el tema.

Este evento refleja un fenómeno posmoderno: la verdad ya no importa. Los hechos carecen de valor. Hoy se trata de imponer un relato, así este sea una mentira. En Ecuador, estamos abrazando el fenómeno sin tener noción de sus consecuencias.

La versión local de Trump es un expresidente que hoy tiene como principal oficio ser troll en Twitter. Una frase acompaña decenas de sus publicaciones diarias: “Los corruptos siempre fueron ellos”. Repetido miles de veces el hashtag, Rafael Vicente pretende lavarse la cara, ignorar los hechos y llevarnos a un universo paralelo donde todos, menos él y su grupo, somos corruptos. Es increíble.

Esta mañana me he sentado a revisar cuatro casos emblemáticos de la gestión de este personaje. Entre los sobreprecios de la Refinería de Esmeraldas y Coca Codo Sinclair, el terreno abandonado de la Refinería del Pacífico y el negocio de los intermediarios que le metieron mano a la preventa de petróleo a cambio de deuda China, Ecuador ha sido perjudicado en al menos 8.000 millones de dólares. Estos son hechos. Y me parece que en el país aún no aterrizamos lo que eso significa. Sin embargo, “los corruptos, siempre fueron ellos”, es decir nosotros, los que le cuestionamos o nunca le aplaudimos sus aventuras al troll.

Me pregunto si como sociedad estamos conscientes del abismo en el que podemos caer si permitimos que relatos falsos se conviertan en verdades incuestionables.