Columnas

Carlos Andrés Vera: Secuestrados por el chulco

El chulco opera y circula desde siempre en esta avenida

Un comerciante que trabaja en una avenida popular de Quito me explicaba el mecanismo que usan los chulqueros. Cobran un interés de 25 % sobre el capital y cuotas del 20 % semanal. Es decir, si recibes un préstamo de $ 100 por parte del chulquero, deberás pagar $25 semanales durante cinco semanas para cumplir con el pago del crédito, más intereses ($ 125 en total). 

Si has sido puntual, a la cuarta semana el chulquero te ofrecerá otro préstamo por $ 100, descontando la cuota de $ 25 que aún le debes. Es decir, te entregará $ 75 y deberás seguir pagando $100 en las condiciones ya descritas.

Los policías que circulan por la avenida saben perfectamente quiénes son los usureros y sus operadores. Cuando actúan, atrapan a los cobradores que circulan en moto y reciben un salario de entre $ 5 y $ 15 diarios, dependiendo su rango.

Si son hombres les dan una paliza, les quitan la plata y los sueltan. Si son mujeres, les meten mano, les quitan la plata y las sueltan.

Si un prestamista desaparece porque ya no puede lidiar con las deudas, son los cobradores quienes deben responder por la deuda al jefe. ¿Quién es el jefe? Por lo general un tipo al que muy pocos ven y se mueve entre uno o varios departamentos donde se cuenta la plata.

El chulco opera y circula desde siempre en esta avenida. Pero hoy, como nunca, ha penetrado en la realidad de casi todos los comerciantes, exprimiendo las finanzas de ciudadanos (muchos de ellos, extranjeros) que por una u otra razón no tienen acceso a créditos formales.

Por motivos que no caben en esta columna, con los años el microcrédito formal en Ecuador se volvió escaso e inaccesible, creando un vacío que ha sido aprovechado por el chulco que, rápidamente, se ha tomado todos los sectores populares del país.

Para este servidor está claro que es el sector financiero privado -más que un Estado ineficiente y atado de manos- quien puede contribuir a resolver esta tragedia, desarrollando productos financieros que brinden alivio a ciudadanos que hoy viven secuestrados. Señores, adelante.