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Carlos Andrés Vera | Leyendo a Noboa

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Petro estará fuera del poder. Noboa apuesta a que su sucesor modifique las políticas que han disparado la criminalidad

Hay algo que desde hace tiempo intento descifrar: a Daniel Noboa. No lo hago desde la simpatía o la animadversión, sí desde una premisa: Noboa es lo que, entre amigos que hablamos de política, llamamos ‘un jugador’. Un jugador político. A esta altura, tanto sus adherentes como rivales lo tienen claro. Partiendo de ahí, su guerra comercial con Colombia no la atribuyo a una bravuconada. Puede terminar como un disparo en el pie, pero hay contextos que explican la postura del presidente. Desde que Gustavo Petro asumió en 2022, se estima que la producción de cocaína en Colombia pasó de alrededor de 1.700 toneladas anuales a más de 3.000 en 2024. Se calcula que más de un tercio de esa cocaína transita por territorio ecuatoriano. Lo padecemos en forma de consumo interno, asesinatos por la guerra de rutas y puertos, lavado de activos y expansión de la minería ilegal. En la práctica, Ecuador no limita con Colombia, sino con los Comandos de la Frontera. Es un hecho -y ninguna sorpresa, dado su pasado y mentalidad guerrillera- que a Petro eso no le preocupa. Diría yo que hasta le place.

Noboa habrá hecho su lectura del contexto internacional. Colombia está en pleno calendario electoral, con la inseguridad como epicentro del debate público. Petro ha moderado su retórica tras ver cómo Trump puso a Maduro frente a una corte penal. El orgulloso ex-M19 no quiere verse en un escenario remotamente similar. Pasó de sugerir al ejército de EE. UU. que desobedezca a su comandante en jefe, a vanagloriarse de que Mr. Trump lo reciba en la Casa Blanca.

El viaje de Petro a Manta el año pasado (tema caliente, lejano al cuento de que vino a escribir un libro), su obsesión con equiparar el caso de Glas con el de los presos políticos en Venezuela y el abandono de su frontera, no son solo insultantes, sino un grave peligro para la frágil estabilidad en Ecuador. Para agosto, Petro estará fuera del poder. Noboa apuesta a que su sucesor modifique las políticas que han disparado la criminalidad organizada en el vecino país y que Ecuador, claramente, no puede enfrentar solo.

Noboa es jugador, y los jugadores arriesgan. La variable decisiva es la energía. Mientras las represas estén llenas, su movimiento puede entenderse desde lo político. El comercio bilateral se verá temporalmente afectado, sin duda, pero el contexto es innegable: nada le hace hoy más daño a nuestro país -económica, social y políticamente- que el crimen organizado.