Triunfó la justicia

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Triunfó la justicia

"Que fue ultrajada físicamente en la cárcel por personas enviadas con ese protervo fin. Que a consecuencia de los golpes recibidos perdió a un hijo que se encontraba en su vientre porque lo abortó"

“Ningún pueblo de la tierra ha gozado de libertad mientras no ha tenido asegurada su justicia” (Joaquín González ). Esta es una verdad más grande que una catedral. Nuestro país, a lo largo de su historia ha contado con una justicia que perdió su independencia y su probidad por haberse puesto al servicio del poder político, en unos casos, y en otros, porque los mandatarios de turno le “metieron las manos” para contar con jueces doblegados y sumisos, a fin de que cumplan lo que se les ordenaba que hagan desde “las alturas “.

Estas reflexiones son necesarias para destacar lo que sucedió con la señora Carolina Llanos, que fue condenada por jueces penales (o “venales“) a 20 años de prisión por un delito que no cometió -de los cuales cumplió ocho-, para tratar así de acallar la voz de su esposo Galo Lara. Que fue ultrajada físicamente en la cárcel por personas enviadas con ese protervo fin. Que a consecuencia de los golpes recibidos perdió a un hijo que se encontraba en su vientre porque lo abortó. Que permaneció alejada de sus otros hijos tiernos durante su encarcelamiento. Que los jueces actuaron de esta forma por ser obsecuentes con la voz del amo de turno que les obligó a ejercer justicia así, sin comprender que “el tiempo que embota el placer y aplaca el dolor” se encargaría de demostrar la verdad y de esta manera dejar a esos jueces en el estercolero de la historia

A los ocho años de su sufrimiento, la señora Carolina Llanos tramitó el recurso de revisión, luego del cual se ratificó su estado de inocencia porque con pruebas nuevas estableció que las presentadas a los jueces que la condenaron eran falsas, que los testigos fueron amenazados para que la acusaran. Que este proceso, en fin, fue una farsa completa.

Paul Tabori es autor de la obra Historia de la estupidez humana. Aquí debería constar un capítulo dedicado a Carolina Llanos porque fue una estupidez la que se hizo con ella como producto de la prepotencia, de la cobardía , del síndrome de Hubris de sus autores intelectuales.