Y las leyes atropelladas

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Y las leyes atropelladas

Seamos positivos. Siempre pensemos y tratemos de actuar con la mirada puesta en procedimientos que conduzcan hacia adelante

Seamos positivos. Siempre pensemos y tratemos de actuar con la mirada puesta en procedimientos que conduzcan hacia adelante. Por desgracia, en nuestro país diariamente se suscitan hechos provenientes de altos organismos del Estado que conturban, indignan y dan vergüenza, por lo que deben ser comentados, criticados, por sanidad pública. Permanecer indiferentes no demostraría otra cosa que complicidad, encubrimiento o cobardía.

La Asamblea Nacional se encuentra en estos momentos en situación muy difícil porque, aunque parezca mentira, ha dejado de ser la función del Estado que debe legislar y fiscalizar para convertirse en un cenáculo en donde se hace alarde de actos de corrupción.

Las legisladoras Rosa Cerda , Bella Jiménez y el legislador Eckenner Recalde confrontan cargos que son procesados, unos por la propia Asamblea y otros por la Fiscalía por actos indebidos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Antes, cuando se sabía lo que eran “dignidad y ética” se habrían producido las renuncias de estos legisladores. Pero eso ahora es pedirle peras al olmo….

Un nuevo escándalo ha surgido porque la Asamblea ha firmado contratos con ciertas compañías para que proporcionen alimentación a los honorables. Esto nada tendría de malo si no ganaran dietas, por una parte y, por otra, si es que los precios de estos servicios no fueran muy altos, como se dice y se exhibe en facturas.

A esto se suma la baja calidad de cultura general de la gran mayoría de “honorables”, que leen sus intervenciones, atentando de esta manera contra el verdadero parlamentarismo, que se caracteriza por el enfrentamiento serio y frontal de un concepto contra otro, pero en términos correctos, empleando la ironía como arma importante en una discusión. De estas irregularidades no tienen la culpa los legisladores, quienes por el sistema electoral vigente -que hay que reformarlo- son elegidos sin que sus electores sepan quiénes son, y sin conocer sus antecedentes, que son necesarios para que haya una Asamblea digna de llamarse tal.