Columnas

Increíble, pero cierto

Lo últimamente acaecido revela la escasez del conocimiento jurídico que debe caracterizar a los legisladores.

El año 2019 se cierra con un capítulo insólito acontecido en la Asamblea Nacional. Estamos acostumbrándonos a ser espectadores de casos increíbles y absurdos, con la negativa actitud de “hacernos de la vista gorda” por conveniencia o por indiferencia, lo que no es conveniente por motivo alguno para la vida democrática del país. 

Lo últimamente acaecido revela la escasez del conocimiento jurídico que debe caracterizar a los legisladores. El artículo 98 de la Constitución de la República dice que “los individuos y los colectivos podrán ejercer el derecho a la resistencia frente a acciones u omisiones del poder político o de las personas naturales o jurídicas no estatales que vulneren o puedan vulnerar sus derechos constitucionales y demandar el reconocimiento de nuevos derechos”.

 Esta disposición es sumamente clara. Por eso es que llamó poderosamente la atención de la ciudadanía la actitud de dos legisladores que se acogieron al “derecho a la resistencia” para declararse en rebeldía contra la Corte Constitucional y negarse a archivar la denominada ley Reevas (Registro de violadores, abusadores y agresores sexuales de niños, niñas y adolescentes) que había sido calificada por la CC como inconstitucional. Esta resolución de la CC es vinculante por lo que correspondía que se archive este proyecto de ley. En lugar de proceder de esta manera, con apego a la carta política y a las leyes pertinentes, dos legisladores de distintas “tiendas políticas” se acogieron al derecho a la resistencia. Así de simple. 

No hay que confundir las cosas. El derecho a la resistencia es un patrimonio de los ciudadanos, pero no del Estado, y permite que los ciudadanos se opongan a las políticas estatales injustas, pero jamás para que quienes forman parte de organismos legalmente constituidos se vayan contra otros organismos que son parte de la vida de nuestra democracia.

Esta es una dura lección que recibimos, de la que debemos sacar provecho para elegir bien a nuestros representantes.

Cantinflas habría dicho, con la sabiduría que lo caracterizó, que esta es una “falta de ignorancia...”.