Columnas

Ser Bachiller

"Ha quedado fehacientemente establecido que el programa en mención es un fracaso desde los varios puntos desde los que se lo vea"

Hay problemas tan serios y graves que deben ser abordados y analizados con mucha atención y responsabilidad para encontrar soluciones coherentes, lógicas y sobre todo consecuentes con nuestra realidad social, especialmente. Uno de ellos es el que se relaciona con el programa Ser Bachiller, que tanto malestar y desazón ha causado, preferentemente en la juventud de nuestro país. 

Ha quedado fehacientemente establecido que el programa en mención es un fracaso desde los varios puntos desde los que se lo vea. En primer término, ha sido elaborado con el ánimo de cambiar, para que nada cambie. Luego, la corrupción ha actuado perversamente al organizarse “empresas” encargadas de obtener las preguntas para dar las respuestas a los participantes y asegurar de esa forma su aprobación. Esta conducta ilegal y antiética evidencia que la corrupción campea a vista y paciencia, por doquier. 

Al margen de todos estos aspectos negativos, lo que debe hacerse, si se quiere trabajar por el porvenir de nuestros jóvenes, es despolitizar la educación. Que no se elaboren programas de enseñanza primaria y secundaria de conformidad con el pensamiento del político de turno, como lamentablemente ocurrió en la “década ganada”. 

Que la educación secundaria se oriente a la creación de colegios técnicos que capaciten a nuestros jóvenes, de tal manera que al egresar de esos establecimientos ya puedan encontrar trabajo digno. Que se capacite a los maestros tanto de primaria como de secundaria para que sean en verdad maestros formadores y conductores de juventudes. Para ello, hay que reforzar y crear más colegios normales, llamados así a los que gradúan a profesores con la verdadera vocación para ser tales. 

En esta época de la tecnología, de la que nos sorprendemos, hay que orientar la educación de tal forma que los jóvenes estudien las nuevas técnicas virtuales que abren grandes oportunidades de trabajo. Esto, y mucho más, debe tomar en cuenta el Estado para que actúe sin intereses políticos, sino con la mirada puesta en el porvenir de la juventud.