El peso de las creencias

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El peso de las creencias

¿Qué perfiles modela este sistema de creencias, acaso el de personas emprendedoras, tomadores de riesgos?

Las creencias son poderosas, filtran nuestra concepción del mundo y nos llevan a tomar por verdades mitos y fabricaciones históricas, políticas, familiares, religiosas, convencionalismos. Así, es manifiesta la diferente aproximación y valoración social de la riqueza que tienen las sociedades protestantes, de línea calvinista, frente a las culturas católicas de América Latina, donde la abundancia se describe en diminutivo y en tono de disculpa, como si el logro material fuese una afrenta a la sociedad. Aquellas culturas construyeron sobre la metáfora de la multiplicación de los talentos; estas nos recuerdan a cada tanto que es más probable que un camello atraviese el ojo de una aguja que un rico el portal de San Pedro. Estas creencias forman el marco cultural de las sociedades, el telón de fondo del rol que cada individuo intenta representar en el teatro de la vida, percepciones que aceptadas sin juicio crítico -el gobierno de sí mismos del que hablaba Kant-, se erigen en barreras mentales más limitantes que la disponibilidad de recursos materiales. En realidad los recursos abundan, siempre, especialmente los que causan el mayor impacto en los resultados, como la iniciativa, la creatividad y sobre todo la actitud; solo que el ángulo de visión, sesgado por la cultura o ciego desde la zona de seguridad, de la comodidad mediocre, impide verlos y acceder al pozo de esa riqueza humana inacabable.

¿Qué perfiles modela este sistema de creencias, acaso el de personas emprendedoras, tomadores de riesgos? Estos son la minoría, pues los más prefieren la seguridad, la estabilidad, el cómodo traslado a la autoridad de la responsabilidad por su bienestar. Sin duda que la educación es un factor, pero logra poco sin un cambio de perspectiva mental. Legiones de personas formadas en la universidad están más prestas a la protesta contra un sistema que no les da todo lo que falsamente les promete y garantiza -e ingenuamente se lo creen-, que a cargar sobre sus hombros el peso de su autonomía. En la orilla de los tutores públicos y planificadores del bienestar colectivo hay más PhD que en la orilla de los que realmente construyen, generan riqueza y aportan a la sociedad. La llave del progreso es el riesgo, la decisión y la confianza para dejar la seguridad personal en pos de un objetivo que nadie garantiza, condiciones mentales que no se aprenden en las aulas.