Beatriz Bencomo | Marco & Mark
Marco Rubio apeló a la civilización occidental como cuerpo vivo que necesita recuperar su identidad
Un detalle: Marco Rubio eligió el Día de los Enamorados para decirle a Europa que Estados Unidos quiere reconciliarse.
Mark Carney eligió Davos, tres semanas antes, para decirle al mundo que la reconciliación ya no es el punto.
Ambos diagnosticaron lo mismo: el orden de posguerra se rompió.
Pero sus respuestas los separan como a dos siglos distintos.
Marco Rubio quiere rehacer las alianzas occidentales sobre la base del liderazgo tradicional de Washington.
Mark Carney propone que incluso los aliados tradicionales busquen nuevas formas de autonomía y multilateralismo.
Marco Rubio apeló a la civilización occidental como cuerpo vivo que necesita recuperar su identidad.
Múnich le respondió con ovación de pie.
Hay quienes ven ahí una señal genuina de reconciliación.
Hay quienes lo leyeron distinto: únanse a Donald Trump o quítense del camino.
Y hay quienes observaron que enseguida Marco Rubio voló a Budapest a proclamar una “era dorada” con Viktor Orbán, el líder europeo más cercano a Putin y más distante de la unidad que su discurso invocaba.
Mark Carney operó en otra frecuencia.
Citó a Havel: el tendero que cuelga un cartel en el que no cree para evitar problemas.
Y luego dijo: es hora de retirar los carteles.
Sin nombrar a Donald Trump, nombró la mecánica: cuando una potencia media negocia sola con un ‘hegemón’, no ejerce soberanía; la simula.
Dos hombres, dos escenarios de élite, un mismo quiebre.
Uno dice vuelvan a nosotros.
El otro dice ya no dependamos de ellos.
El futuro probablemente lo escriban quienes escuchen a Mark Carney, aunque los aplausos inmediatos los reciba Marco Rubio.
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